Mientras lavaba mi taza favorita

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Esta semana estuve pensando mucho sobre el amor, aquel que damos, lo que cometes por él y en su nombre, como una especie de conquista, una invasión en nombre del sentimiento. Y sentí que todo lo que se da en amor y por él, no está perdido, no se pierde, no se malgasta, no importa como el recipiente lo tome y si es que lo toma, no es lo que pase con eso que se dio, lo importante es en el recipiente que se crea, aquel que da amor no pierde nada, lo multiplica.

Él crea este amor y lo encapsula y lo saca de su ser, de su peculiaridad, lo extrae de su mundo para entregarlo al otro y ese es un acto de magia. Es triste lo que sufrimos por él, en él y en su representación, pero sólo esa lluvia de ojos nos puede recordar que estamos viviendo, que somos parte de un mundo y de materias, y el diluvio que puedan lograr estas lágrimas es para regar lo que sembramos en nosotros mismos, todo dentro nada fuera.

El amor que se da es el mismo que se recibe, uno se enamora, ¡sí!, pero esa sólo es una de las fragancias del amor, el amor no es sólo de pareja o en la idealización del amor, también se encuentra en la libertad de todos, en la libertad de uno mismo y en el principio del trato propio.

Creo que a veces y en tiempos como estos tenemos tanto y casi todo en contra, nos vuelven inconformes de nuestro recipiente humano, y ahí nos entretienen, creo que una vez leí algo como el amor propio en estos tiempos es un acto revolucionario, algo por ahí que jugaba con ese concepto y la verdad que lo creo.

El amor que se da es el que poseemos y el que tenemos, el que reposa y el amor no puede mezclarse con nada más, es la tinta única y suprema, con la que se pinta la creación. Y el hecho de nosotros darnos cuenta en una forma muy existencial y filosófica nos hace ser y como individuos y no dioses somos el producto de una creación, del amor, entonces ahí somos, nada nos aleja.

El amor es infinito, no lo dice la historia, lo dice el ADN y todo aquello que no comprendo en una vasta iluminación.