Mi ventana con foquitos

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¡Estos días de celebración, no sé! Sencillamente me gustan, hay tanto que se esconde entre cada fecha, más allá de su  consumismo promovido y que vemos por doquier, el tráfico que te detienen en cada calle y retorno de la ciudad y te provoca pensar en la eternidad para llegar a un destino, algo me hace sentir muy distinto y no es la historia o el invento, es porque en estos días celebramos todo, la amistad que tenemos en nuestras vidas y también la pérdida, a la familia y sus peculiaridades y agregados y de alguna forma y manera nos damos el tiempo para ello, para ellos y sino hasta lo inventamos y ocurren todas esas cosas maravillosas que son el reír a carcajadas, cantar en voz alta y con coro, celebrar hasta ver las estrellas, llorar y purgar la pena con todos y sin ninguno, abrazar sin prisa, eso de vernos a los ojos los unos a los otros y decir un silencioso o aturdidor: ¡Me importas! ¡Te quiero! ¡Que gusto! Y todo eso en verdad sentirlo en el pecho y en todo el cuerpo vibrando, irradiando.

Son los días que nos tenemos que esconder nada y sacamos y nos florece la creatividad y decoramos, decimos, declaramos y damos, ¿por qué?, porque al dar el alma se regocija, al compartir somos y conectamos sin necesidad de electricidad, conectamos como humanos en empatía natural, y vemos por cuadros el atardecer, el frío reflejado en las ventanas y la necesidad de aquel que vemos en desventajas y actuamos; es como si todo este frío de alguna forma o manera mantiene el corazón despierto, latente y él solo quiere estar dando y siendo y provocando tanto sentimiento que le provocan estas fechas, las luces de los árboles, el olor a pino fresco, el saber que pronto compartirá la mesa y será delicioso en sabor y compañía.

La esencia de todos estos simbolismos y el significado es lo que se esconde en el ambiente de estos días, porque en estos días nos permitimos más, nos permitimos los colores, las tradiciones, no hay pena para la expresión y somos creativos y amamos de mil maneras, queremos la fiesta porque está la excusa y está la tradición y nos volvemos niños en ilusión, en espera y contamos los días, y contamos nuestras vidas y lo que va del año, y tenemos lapsus de niñez y pureza pura. Porque en este mes recordamos, recordamos todo y todo está a flor de piel, en el ambiente, en lo perdido y apretamos fuerte y contamos lentamente todo aquello de lo que estamos agradecidos porque a pesar del dolor que a veces nos envuelve nos sabemos afortunados y dichosos de tener y tener el momento y el tiempo de sencillamente lanzar al universo y mundo un “¡gracias!”. Gracias por todo lo que es, tenemos y somos.