Mi muletilla

Por Ana Celia Pérez
Las mentiras nos envuelven, nos engañan y engañamos (que en este texto no se trata de apuntar con el dedo, sino con toda la mano). Crean puentes entre lo que es y debería ser, entre ese punto que es real y el ficticio que de alguna forma crea un sentido (sí, en su falsedad) pero sentido al fin y al cabo; un rumbo da ese tres que le faltaba a la suma y álgebra mental, pues nos da ese elemento que inventamos, construimos para que en nuestra cabeza y vida, todo embone.

La soledad nos miente, al igual que las alegrías, todas con su diálogo interno, su futuro y sus expectativas. Una mentira está llena de uno mismo, un pequeño mundo, burbuja de aire para vivir, el hedor de uno, las fantasías que hacemos que cobren vida, el amor por tener la razón y por no dársela a otro.

Supongo que todo proviene del mismo mundo y del mismo padre lo cual vuelve a la verdad y la mentira hijos legítimos, reconocidos y con la misma casta y apellidos. Las mentiras se vuelven ciertas al pronunciarlas, como si los bosquejos comenzarán a tomar forma, color, luego movimiento y vida. ¿Qué haríamos sin ellas?, ¿qué habitaría su espacio?, ¿quiénes seríamos?, ¿quién serías?

La realidad cruda y sin efecto nos haría buscar una nueva fantasía, una droga, una muletilla para el día día. Las mentiras solo saben ver y recibir culpa; nunca son apremiadas o alabadas por elevarnos, darnos, llevarnos o por sencillamente ¡mentirnos! Una oda a ellas que las condenan, prostituyen, usan y abusan; mentiras blancas (dicen los mochos), las mentiras no son de color, o de clases o validación; una mentira es una mentira y punto algo inexistente, no cierto donde el hombre la creo de la imaginación, del hubiese, del quisiera, del no lastimar, del no tengo el valor (por resumir tantas características).

La mentira sale del vientre más fértil sin distinción de género, ella es inocente su uso es el que la condena o la salva. ¡Oh la mentira! tan ingenua, tan vacía, y llena de explicación; el comodín de cada mano, de cada jugada, ¡pero nadie quiere perderse la oportunidad de ganar! Mentira ni como disculparme de lo que por tu nombre y con tu culpa hemos hecho, ¡oh mentira! No sé dónde colocarte santos de cabeza, ramos de tu flor predilecta o rezarte un novenario. Lo que hemos hecho en tu nombre, con tu nombre y en tu disculpa; lo que seguiremos haciendo, de ti seguiremos alimentando y en mi nutriendo. La mentira por todos usada, por pocos reconocida; como una amante cualquiera. 

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