México: ¿Estado fallido?

Por Noé López Zúñiga*

 

*Profesor Investigador, Facultad de Derecho Tijuana, UABC

noelopezzuniga@hotmail.com

 

Algunos pensaran que la discusión sobre sí México es o no un Estado fallido, es algo inútil, e irrelevante. Pero sí consideramos que la principal función de un Estado como organización política y social es procurar y garantizar el bien común y mantener la paz; entonces esto es algo serio y reflexivo. Por ello, la clase política no lo debe dejar de lado, no lo debe desestimar.

Los partidos políticos, las instituciones  y la ciudadanía en su conjunto, debemos debatirlo abiertamente, para a partir de ahí, replantearnos un proyecto de nación con un nuevo rumbo, pero sobre todo, repensar el derecho y sus instituciones: Un verdadero Estado de derecho y de legalidad puede estar en nuestras manos.

Desde hace más de 25 años, en México se ha visto poco progreso, no se han percibido políticas públicas eficientes que le den consistencia al tema de la paz, el bienestar y el desarrollo humano y mucho menos, coherencia a los principios constitucionales de libertad y justicia, a pesar de las grandes reformas estructurales del país.  

Así, la ciudadanía percibe a la Constitución, como letra muerta. La falta de Paz como lo sostiene Lugi Ferrajoli, no solamente se funda en el máximo grado de efectividad de la igualdad en los derechos fundamentales, sino también está amenazada por el crecimiento de las asimetrías, que corresponde a otras tantas desigualdades, entre sujetos fuertes y sujetos débiles.

En México, existe una guerra entre quien ostenta y mantienen el poder y la ciudadanía. Esto es así, porque la clase política, se apodera ilegítimamente de la riqueza, de los recursos y se aprovecha de la ley y sus deficiencias, para organizar negocios ilícitos, para auspiciar la corrupción.

Todo esto, a costa de la pobreza y de la ignorancia de millones de ciudadanos. El tema de «La Casa Blanca» es una evidencia y es la punta del Iceberg de cómo la clase dirigente, «la clase en el poder«, desestima la ley y se aprovecha para enriquecerse sin medida y sin control, mientras millones de ciudadanos pobres y de clase media, no tienen una casa digna, o bien, quien la tiene, la debe con intereses muy por encima de lo justo. No existe un punto de equilibrio entre nada y nadie.

Esas asimetrías que manifestó Ferrojoli, se ve en todo los ámbitos de la vida nacional. Esas asimetrías son generadoras de los conflictos sociales y del aumento de la delincuencia en nuestro país y en el mundo de habla hispana.

Parece ser que ese viejo absolutismo de la soberanía, no se ha ido de nuestra historia, y parece ser también que la soberanía del pueblo previsto en el artículo 39 de la Constitución, es mera falsedad.

A la fecha, siguen existiendo guerras, luchas y consecuentemente violaciones a los derechos humanos, impunidad, y ausencia de garantías que le den efectividad a la ley. Así, en México, el ciudadano promedio, ha aprendido a sobrevivir y no a vivir.

México, así como está políticamente organizado, no te garantiza  el desarrollo humano, mucho menos la paz.  

Urge reconfigurar a la nación.