Medicina equilibrada

Por Maru Lozano Carbonell

Un 7 de abril la OMS pide a los líderes del mundo comprometerse y adoptar medidas concretas para promover la salud de todas las personas.

Ciertamente la salud es un derecho que todos tenemos, pero también es cierto que no todo es gratis si te enfermas. Es triste experimentar la insuficiencia en todos los sentidos.

¿Quién es responsable de la salud? Porque ¡todos queremos calidad de vida! Qué difícil es combinar lo científico con los valores, con los intereses políticos y con lo mal portados que somos todos en un momento determinado.

Es que un médico puede decidir, pero podría ir en contra de los valores y costumbres de sus pacientes y más aún, en contra de la pobreza.

Si partimos de la base que un doctor para prescribir, se basa en lo que hay en la industria farmacéutica y esta industria ya generó un vínculo comercial y publicitario, este peso dictará el conocimiento, desconocimiento, evolución o regresión en muchos de los casos.

Imagínate entonces la medicina dominada por la tecnología, ¿tendríamos entonces que iniciar un proceso de des-medicación y favorecer la concientización para prevenir lo más que se pueda?

La educación para la salud pública nos vendría bien. Una persona informada -no asustada- podría decidir mejor cómo alimentarse, cómo vivir, cómo ejercitarse, cómo favorecer.

Nos hace falta saber que las medicinas conllevan un riesgo, pero ¿qué vemos en medios? ¡La promoción de medicamentos!

¿Habías escuchado de la iatrogenia? Es un daño no previsto ni intencionado por parte del médico, es decir, consecuencias no previstas que el paciente sufre por tres causas: Mala práctica, por accidente o por ineptitud. ¡Pobres médicos! porque con tanta opción a la mano y demanda de acción rápida por parte de los enfermos, hoy día la salud debe suponer una co-responsabilidad “médico-paciente”.

Si uno paga una consulta y el médico nos dice que tenemos que alimentarnos mejor y nos vierte en la mesa una guía de nutrición, igual y salimos decepcionados porque esperábamos una pastilla. ¡Es que nuestra mentalidad tiene que cambiar! Que no nos deslumbre la tecnología empaquetada a la venta suponiendo efectividad, pero subestimando la prevención y seguridad. Así se generan más problemas. Entonces, ¿podrían los doctores en muchos de los casos humanizar una consulta? Supondría formarse en otras áreas y también que la gente supiera y se hiciera responsable de sus pensamientos, emociones y actos para estar mejor.

Los criterios para determinar o conceptualizar una enfermedad han ido cambiando y es tarea de la política y su gobierno, de papá y mamá, enseñarnos a todos a vivir sanamente, alimentarnos mejor, a educar en la actividad y dejar que los doctores actúen de la mano de un medicamento cuando amerite el caso.

Es que, por ejemplo, antes una depresión por duelo, se diagnosticaba como tal y se medicaba cuando se mantenía la tristeza por más de un año; hoy día, si pasan quince días y sigues deprimido, ya está estipulado que te debes tomar algo. ¿Por qué no se fomenta la orientación psicoterapéutica? Y así ha pasado con la ansiedad, dando paso a que lo más vendido sean los psico-fármacos, por cierto, los que más afectan.

Educación para la salud sería la mejor inversión como varita mágica para acallar la voz de muchos síntomas. ¡Medicina equilibrada!