Más triste

Por Maru Lozano Carbonell

Aunque sabemos que nada es permanente y todo es temporal, ¡cómo duele la partida de un ser querido! En lo personal, mis padres ya han fallecido y cada año me duele más.

Seguimos en pandemia y seguimos levantando poco a poco los cachitos de lo que teníamos, como se puede y con todo lo que implica; pero vendrá el día de los fieles difuntos y se podría acentuar más el sentimiento.

Es terrible cuando pierdes a alguien y te dicen: “Así es… ley de la vida…”. De momento uno no piensa así, de momento se puede estar triste, con miedo o muy enojado por la partida. Si todos comenzamos por respetar que se está viviendo un duelo, con todos sus procesos y con ritmos diferentes, optaríamos sólo por acompañar y hacerse presente por si la persona necesitara algo.

En el proceso de asumir una pérdida, el elemento “apego” es la clave. El apego lo podríamos entender como el vínculo intenso, peculiar, de larga duración, que se va gestando entre las personas que se relacionan mientras están interactuando. ¿Qué deseamos al relacionarnos con alguien? ¡Que la relación sea continua, cercana y que dure para siempre! Eso nos va dando seguridad, consuelo y protección.

Así que es este apego el que en realidad duele al momento de la separación, ya quisiéramos ser como los Budistas que saben muy bien cómo superarse, pero nuestra cultura es otra y duele profundamente.

Sólo transitando por el camino del duelo podremos vivir mejor. En terapia humanista se sugiere que la persona verbalice lo que trae en su interior, que trate de poner en palabras lo que está sintiendo, describiendo su sensación. Esto es para hacer conciencia. La terapia humanista consiste en “darse cuenta”.

Se sugiere recibir la comprensión y el apoyo que nos quieran brindar. Hablar de ello.

Decir sí a la ayuda de admitir sin juzgar y sin exigencias para poder fluir a pesar del dolor.

Aprender a integrar lo que siente en su ser, como parte de sí mismo. No como lo único que existe y delimita su persona.

Evitar reproducir las frases pre-hechas con respecto a la muerte que de repente uno copia.

No es necesario comprender lo que sucede, de momento, sólo es preciso aceptar que se está generando y transitando por varios sentimientos, reconociendo que cada persona es diferente al experimentar procesos de duelo, evita la tentación de imitar.

Si te toca acompañar, no les animemos ni desanimemos, sólo escuchemos. Permitir que la persona exprese, llore y vierta sus sentimientos. Sólo necesita ser escuchada y acompañada. Dejar que la persona que viva su ritual, se despida del fallecido y de no ser posible, facilitarle terapia para que haga esto. No forzarlo a que haga o no haga ciertas cosas, dar su espacio y respetar su tiempo.

Se considera que dos años es buen tiempo para pasar todas las etapas de duelo, si hay culpa, recomiendo la terapia de “Silla Vacía” resolviendo los asuntos pendientes, hablando de las cosas hermosas del fallecido, ofreciendo nuestro perdón, nuestra gratitud y despedirse. Piensa esto, escríbelo si no es posible la terapia.

Integrar la muerte en nuestra vida para ser un poco más libres al vivir. Ya nos lo dice la escritora, educadora y activista americana Terry Tempest Williams: “El duelo nos desafía a amar una vez más”.