Marketing político: ¿Hacia dónde vamos?

Por José A. Ciccone

Por lo visto y oído hasta ahora y en pleno año de elecciones estatales, pocos se preocupan y menos se ocupan de adentrarse en la parte profesional de la comunicación preelectoral requerida en estos casos y que tanta falta nos hace para el saneamiento de una buena oferta política.

¿Qué les lleva a pensar a nuestros políticos locales que ‘saben todo’ con respecto al marketing bien aplicado en esta compleja materia? ¿Por qué no pasan siquiera por el tamiz profesional de los que sí saben del tema y dominan el campo de los pasos estratégicos bien diseñados, o tácticas, según sea la premura del caso? Quizás la respuesta está en tantos “hara-kiri’ políticos que vimos en los últimos años y poco aportaron a las pujas electorales.

Parecería ser hoy una creencia mayoritaria, pensar que el Marketing Político pertenece al siglo XX como la palabra marketing y no es así, porque no implica necesariamente que la lógica estratégica de esta disciplina tan necesaria no haya sido utilizada de manera sistemática, aplicando métodos variados, desde que comenzó la organización social y política de la humanidad.

El terreno del marketing político pertenece a la técnica y por lo tanto es moralmente neutro, como ejemplo cito a la energía atómica, que puede servir para iluminar ciudades o para destruirlas. Entonces, si sabemos estudiar las tendencias del mercado electoral y podemos influir adecuadamente en él mediante una estrategia comunicacional efectiva, habremos concluido que esta es una disciplina que puede usarse para el bien o para el mal. La forma técnica en sí misma, es inocente, pero cuando hay culpas, si las hubiese, se alojarán en las conciencias individuales.

En la antigua Grecia, la palabra en forma general y la oratoria en particular poseían el rango de arte, por lo tanto el discurso en los tiempos del Ágora, se utilizaba como una herramienta insustituible en cuestiones de estrategias políticas torales.

Recordemos también que nada menos que El Imperio Romano, permaneció varios siglos en el poder, no sólo porque contaban con un ejército casi invencible, sino porque la maestría con que comunicaban sus decisiones políticas, aún en puntos muy remotos de su territorio y sus dominios, dejaron muestras imborrables de su capacidad comunicacional con gran apoyatura en obras de infraestructura, caminos y palacios de gobierno, desplegando estratégicamente y fijando en las mentes receptoras de la época, -en los pueblos que iban conquistando-, los símbolos de la cultura del Imperio. Muchos siglos después, Nicolás Maquiavelo nos recordaba que “el éxito de un hombre bien podría representar el fracaso de otro” y que “la primera opinión que se enquista en el pueblo sobre la inteligencia de un gobernante, se basa en la calidad de los hombres que se encuentran a su alrededor. Cuando son competentes y leales, él siempre será considerado sabio, porque ha sido capaz de reconocer sus competencias y mantenerlos leales”.

El marketing político nunca se detendrá, en cualquier época donde haya interesados en conseguir buen posicionamiento impactando con imagen positiva y vendedora para lograr el tan ansiado voto ciudadano, seguirá esta disciplina imponiendo sus técnicas más efectivas, por lo menos hasta que los funcionarios decidan retirarse de la vida pública. Lo lógico es pensar que las mismas habilidades demostradas por el candidato para ganar una elección, serán las que deba ejercer y demostrar el político durante su mandato, es decir, su tarea comunicacional deberá seguir siendo pulcra y efectiva, con el mismo impulso y precisión en los mensajes, que en este caso puntual oficiarán como manifestación comprobatoria de promesas cumplidas.

En definitiva, el candidato que pierde el apoyo del elector, no podrá ganar una elección; el gobernante que se queda sin el apoyo ciudadano, no podrá gobernar.

Puedo resumir que el Marketing Político bien aplicado, representa la destreza efectiva para guiar a los votantes hacia las conclusiones que éstos necesitan para garantizarse su bienestar social.