Marcha por la vida y la paz

Por Manuel Alejandro Flores

El próximo domingo 11 de marzo, todos aquellos que sentimos un compromiso moral y social en torno a la vida y la paz estamos convocados a marchar y orar por estos valores en nuestra ciudad. Estamos hablando de la décimo octava marcha en la historia de la Arquidiócesis de Tijuana en donde la mayoría de sus habitantes decimos ser católicos.

La marcha se remonta al año 2000, justo en ese año, la entonces jefa de gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles, en contubernio con la Asamblea Legislativa de la misma entidad, legalizaron el aborto en el marco de las primeras 12 semanas de gestación. Una decisión que hasta la fecha le ha costado la vida a miles de niños inocentes en el vientre de su madre. En ese sentido los Obispos en México agrupados en la Conferencia del Episcopado Mexicano, designaros el 25 de marzo, Día en que los católicos celebramos la Encarnación de Jesús (9 meses antes del 25 de diciembre, día en que se celebra su nacimiento) como el Día de la Vida. En ese contexto el Señor Obispo Emérito IV Obispo de Tijuana Rafael Romo Muñoz de la mano de las escuelas católicas a través de la Pastoral de la Educación dirigida por el Padre Benigno Medrano Flores (muy conocido como el Padre Beni entre la feligresía) organizaron la primer marcha en la entonces todavía Diócesis de Tijuana.

Con el impulso de la escuela católica y los padres de familia, docentes y estudiantes preocupados por el surgimiento de normas deshumanizantes y contrarias a la antropología cristiana que basada en la ciencia establece que la vida existe desde la concepción y debe durar hasta la muerte natural de una persona, alrededor de 5 mil personas marcharon en aquella ocasión sentando un precedente que hasta la fecha ha alcanzado picos de hasta 40 mil marchantes año tras año.

Dos momentos recuerdo de gran importancia en el crecimiento de la marcha después del año 2000 en el que el tema de la vida sacó a la calle a muchos mexicanos promotores de los valores que dan dignidad al ser humano: el primero en el 2003, en el marco del estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irak, después de los terribles acontecimientos de las torres gemelas y el Pentágono, una nueva guerra azoró al mundo poniendo en tensión a todos. Ese año se decidió marchar por la vida, que todo lo abarca y por la paz, valor en esencia cristiano que parte de la conciliación y la caridad entre los hombres. Ese año marchamos más de 10 mil personas y se convirtió en un desahogo importante al miedo que nos causaba esa guerra en aquel momento. Salir a caminar y a orar fue la mejor alternativa que tuvimos.

El segundo momento relevante se dio en 2008 y 2009, nuestra ciudad hundida por el secuestro y los homicidios a toda hora, llena de miedo y desolada, encontró en la marcha el espacio nuevamente de expresión, de oración y de paz para acompañar a las autoridades y a la comunidad en general en el triste sentir del momento. Ver a los niños, familias completas, maestros, ancianos, ciclistas y demás personas disfrutar, cantar, orar, reír por las calles de Tijuana fue un signo de esperanza que abonó para poder resolver la situación del momento.

Mucho más habría que decir de esta marcha, me siento orgulloso de ser parte de la historia de movilización tal vez más importante de Tijuana y de poner mi granito de arena cada año para que muchas personas marchen por la paz y la vida desde una perspectiva de oración y penitencia. No dejen de asistir a las 8:30 am el próximo domingo 11 de marzo a la versión 2018, saldremos de la Calle Santa María aledaña a lo que fuera el Toreo de Tijuana y culminaremos en la Unidad Deportiva CREA con la misa presidida por el Arzobispo Francisco Moreno Barrón a quien aplaudo grandemente haya continuado la marcha como parte de su Ministerio Episcopal en nuestra Arquidiócesis.