Mansplaining

Por Juan José Alonso LLera

“La prueba para saber si puedes o no hacer un trabajo no debería ser la organización de tus cromosomas”

Estamos en el momento en el mundo donde todo ofende o se confunde con equidad de género, erróneamente se piensa que sólo con dar más beneficios a las mujeres es equidad. Craso error, la equidad es otorgar las mismas oportunidades a las personas hayan nacido X, Y, LG…… o azules.

Lo que sí, es un hecho que vivimos en una sociedad increíblemente machista y que va a tardar mucho en equilibrarse, por eso les comparto este concepto del que a veces no nos damos cuenta en nuestro actuar.

La palabra mansplaining es un neologismo anglófono (sorprendente ¿no?) basado en la composición de las palabras man (hombre) y explaining (explicar), que se define como: explicar algo a alguien, especialmente un hombre a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista. En español, el neologismo Machoexplicación tiene cierto uso y comparte el mismo carácter informal del original inglés, siendo reconocida como una alternativa válida.

El concepto mansplaining comprende una mezcla heterogénea de comportamientos que tienen en común el menosprecio del hablante hacia quien escucha por el único hecho de que quien escucha es una mujer y por lo tanto le supone una capacidad de comprensión inferior a la de un varón. Este concepto también incluye situaciones en las que un varón monopoliza la conversación con el único propósito de jactarse y aparentar ser más culto que la mujer que escucha.

El ensayo original de Rebecca Solnit extrapoló el concepto a las consecuencias que el mansplaining produce: como resultado, las opiniones emitidas por una mujer (sea del público general como profesionales o expertas en algún área) son sistemáticamente infravaloradas o necesitadas del respaldo de un varón para ser validadas. Este hecho es un síntoma de un comportamiento muy extendido que disuade a las mujeres de manifestarse públicamente o de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; este comportamiento condena a las jóvenes al silencio ya que concluyen (como ocurre a causa del acoso callejero), que éste no es su mundo.

Nos acostumbra al cuestionamiento y la limitación femeninas a la vez que fomenta el exceso de injustificada confianza masculina.

El mansplaining se diferencia de otras muchas formas de condescendencia al estar específicamente ligado al género y basado en suposiciones sexistas que dan por sentado que los varones son habitualmente más cultos o más inteligentes que las mujeres.

También se considera un acto paternalista que ahonda las divisiones de género. El concepto se ha generalizado para incluir discriminaciones raciales y otros sesgos políticos, como whitesplaining (de white=blanco) o rightsplaining (right=derecha).

¿Cómo afecta el mansplaining a las mujeres en las comunidades académicas y científicas?

El problema no es que un anfitrión arrogante confunda a una autora prolífica con una escritora amateur y le recomiende el libro que acaba de publicar, o que un usuario de Twitter quiera corregir a una astronauta consumada porque cree que ir una vez a un campamento espacial lo hace más experto, o que un moderador ignore completamente lo que dice una profesora de física en un panel y repita el mismo contenido que dijo ella como si fuera suyo. El problema es que no registramos el ejercicio de invisibilización que esto representa, y que es sólo un síntoma de un serio desbalance en la forma en que recopilamos el conocimiento, lo publicamos y damos crédito.

Las personas pertenecientes a las minorías sociales, como mujeres, personas de color o de la comunidad LGBT, son especialmente propensas a recibir este y otros ejercicios de condescendencia y exclusión sutil. El impacto de estas prácticas puede ser significativo a largo plazo porque desalienta a estas personas a formar parte de la comunidad sea cual sea. En fin, pongamos atención y no seamos tan arrogantes, ya que es una forma de violencia ligera o pesada según sea el caso.

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