Los trastornos mentales de los deportados

Reportaje publicado el pasado 6 de febrero en la edición impresa de El Informador de BC (hoy Infobaja) 

Por Luis Alonso Pérez

Tijuana.- Después de su deportación Martha nunca volvió a ser la misma. Casi toda su vida había vivido ilegalmente en los Estados Unidos, y aunque México es su país natal se sentía como extranjera. Era demasiado difícil adaptarse como adulta a una realidad que no conoció de joven. Nunca logró habituarse a la vida en Tijuana, aunque siempre contó con el apoyo económico y moral de sus hijos adultos que con frecuencia viajaban para visitarla desde California.

Con el paso del tiempo la apariencia de Martha fue decayendo. No se arreglaba, tenía problemas para dormir y para comer, decía que su vida no tenía sentido.

Al principio sus hijos pensaron que era la tristeza de estar lejos de su familia, la nostalgia por la vida que había perdido. Entonces comenzaron los malestares físicos: dolores de cabeza y de estómago constante e irremediable.

Preocupados, la llevaron con varios doctores pero nada logró remediar sus males, hasta que uno les recomendó llevarla al Hospital de Salud Mental.

Tras una evaluación física y mental fue diagnosticada con depresión clínica, uno de los tres trastornos mentales más comunes en los migrantes deportados. Ahora acude periódicamente a terapia psicológica y lleva un tratamiento psiquiátrico, toma antidepresivos y recibe motivación para sobrellevar este episodio tan difícil en su vida.

Los trastornos mentales como el de Martha son cada vez más comunes entre la población migrante que ha sufrido episodios difíciles en su vida como lo es la deportación y la consecuente separación de su familia, aunado a un cambio trascendental de ambiente.

Sin embargo estos episodios son solo detonadores de trastornos existentes que no se han desarrollado. Las predisposiciones pueden ser genéticas y nacer con ellas, o bien pueden evolucionar después de varios años de estar expuesto a cierto ambiente social o una determinada forma de vivir.

El abuso de las drogas y alcohol también son un factor de riesgo determinante, así como tener personalidades inmaduras o disociales.

Los problemas psiquiátricos de mayor prevalencia son la depresión, la ansiedad y la psicosis, una pérdida del contacto con la realidad que puede ser transitoria o permanente, que incluso puede derivar en la esquizofrenia, la alteración de la percepción y la realidad, una condición que si bien no se puede curar es posible controlarla.

Necesidad de atención en aumento

En el Hospital de Salud Mental de Tijuana (HSMT) más del 41 por ciento de los pacientes son migrantes nacidos en otro país u otro Estado de México, la misma proporción de foráneos que residen en Baja California, explicó la doctora Mirna Trancoso, directora del Hospital.

En 2013 el HSMT atendió cada mes a 3 mil 500 pacientes, por lo que se podría estimar que 1 mil 435 migrantes acudieron mensualmente a recibir tratamiento psicológico y psiquiátrico.

La necesidad de atención ha aumentado a un ritmo tan acelerado que en el último año la  cantidad de pacientes atendidos se incrementó en más de un 50 por ciento, lo que requirió no solo un importante crecimiento en estructura de la Institución, también un esfuerzo extraordinario de su personal médico.

La mayoría de los pacientes llegan al Hospital por su voluntad o la de sus familiares. Otros son remitidos por agentes del Instituto Nacional de Migración, tras una evaluación general efectuada al momento de su deportación.

Cuando ingresan al HSMT se les practican exámenes médicos, ya que existe una correlación importante entre los padecimientos psiquiátricos de los migrantes y las enfermedades infecciosas como la tuberculosis y VIH.

Existen diversos niveles de atención para los distintos tipos de alteraciones mentales, desde terapia individual, grupal o familiar para atender los trastornos psicológicos, hasta tratamientos psiquiátricos en los que se suministran medicamentos. La mayoría de estos se realiza a través de consultas externas ya que los pacientes son capaces de obedecer indicaciones médicas y valerse por sí mismos, pero existen casos cuyos trastornos son tan avanzados que requieren hospitalización al existir un riesgo para su vida o la de los demás, al comportarse agresivos o presentar tendencias suicidas.

Una vida difícil

A lo largo de su vida un migrante puede vivir situaciones emocionales y experiencias tan difíciles que pueden desencadenar trastornos mentales graves. El simple hecho de mudarse de su ciudad natal a un ambiente totalmente diferente, con formas de vida muy contrastantes, enfrentando estresores en su medio ambiente, puede ser para algunos el inicio de su padecimiento mental.

Sobre todo vivir en clandestinidad trae consigo un constante miedo a la autoridad que puede evolucionar a una paranoia insana, sin embargo eso solo no debe suceder a personas que tienen una buena salud mental.

“El vivir con el miedo a ser deportado es real, pero puede llegar a ser un miedo irracional” sostuvo la doctora Mirna Trancoso. Si se cruza la línea de lo que es esperado para una persona sana pueden desarrollarse delirios de persecución, en los que se lleguen a imaginar que personas lo están escuchándolo, que hay cámaras en la pared o situaciones fantasiosas de ese tipo.

Los migrantes también pueden enfrentarse a un constante estado de soledad y nostalgia por encontrarse lejos de casa y experimentar la frustración de no poder ir a visitarlos. Esta condición puede derivar en depresión, aunque solo en aquellos que ya tenía una condición que la predispuso.

“Es normal y esperado que tengamos síntomas de duelo cuando se pierde algo, pero no todos los migrantes requieren un tratamiento psiquiátrico” expuso Troncoso.

Otra situación de riesgo se vive cuando son deportados. El sentimiento de fracaso por no haber podido lograr su sueño de vivir en los Estados Unidos, el encontrarse varado en una ciudad fronteriza desconocida y llena de peligros, es muy difícil para cualquier persona, para aquellos con problemas mentales puede ser el detonador de un trastorno.

Pero que una persona tenga un padecimiento psiquiátrico no lo hace un loco, aclaró la Directora del nosocomio, haciendo un llamado a no discriminar a las personas con estos padecimientos.

“Hay un estigma muy desafortunado hacia los trastornos mentales. Yo creo que las personas no tenemos una buena educación sobre la salud mental. Se percibe como algo malo y que solo le da a una pequeña parte de la población, pero en promedio tres de cada diez mexicanos puede presentar algún trastorno mental en su vida”.

Aunque es complicado, muchos migrantes pueden reintegrarse a la sociedad, agregó. “No existe una fórmula mágica, para cada persona será diferente, pero como humanos tenemos la capacidad de adaptación. Es posible que lleguen a un estado que les permita trabajar, ser productivos e independientes”.

Trastornos desde la emigración

Un estudio de la Universidad de California en Davis reveló que los jóvenes mexicanos de entre 18 y 25 años de edad que emigran a los Estados Unidos tienen casi cuatro veces y media más posibilidades de padecer algún trastorno depresivo que los jóvenes mexicanos que no emigran. La depresión incluye el episodio depresivo mayor y la distímia, una depresión crónica menos grave.

En este mismo grupo de edad, las probabilidades de padecer un trastorno de ansiedad fue de casi tres veces y media más en comparación los no migrantes, según este estudio realizado en colaboración con el Instituto Nacional de Psiquiatría de México. Los trastornos de ansiedad estudiados incluyen el trastorno de ansiedad generalizada, la fobia social, el trastorno por estrés postraumático y la agorafobia, es decir, el miedo al miedo.

La experiencia de otros estudios realizados en el pasado ha demostrado que entre los mexicanos que viven en los Estados Unidos, al igual que en otros grupos hispanos que residen en ese País, una mayor integración a la nueva cultura, es decir, una mejor adaptación a los patrones de conducta estadounidenses, está vinculado con un peor estado de la salud mental, incluyendo tasas más elevadas de trastornos psiquiátricos y farmacodependencias.

En resumen, los inmigrantes nacidos en México que han estado en Estados Unidos durante periodos de tiempo más largos tienen una peor salud mental que los llegados más recientemente.

Marc Schenker, catedrático de ciencias de salud pública de la Universidad de California en Davis, expuso en el reporte público de la investigación que dentro de la variedad de afecciones de la salud que aquejan a los migrantes, la salud mental en concreto no ha recibido ninguna atención.

“Los migrantes experimentan una amplia variedad de problemas mentales que se ven agravados por las grandes presiones que ejercen la victimización y la privación de derechos políticos y económicos. Para mejorar esta situación, solamente obtendremos buenos resulta dos si adoptamos un enfoque binacional o multinacional”, afirmó Schenker.