Los simuladores

Por Juan José Alonso Llera

“Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come”.

En un acto de verdadera justicia creo que la simulación sólo se la hemos cargado a la clase política, cuando en el sector empresarial hay magos en este aspecto. La RAE (Real Academia Española) dice:

  1. Representar o hacer creer algo que no es verdad con palabras, gestos o acciones: “simuló un ataque de nervios”
  2. Presentar una cosa haciendo que parezca real: “soy filántropo, pero cobro los favores”

Mi país y mi ciudad ya están hartos de esta simulación, pareciera que hacemos, pero no, pareciera que trabajamos duro, pero nos hacemos tontos, pareciera que queremos, pero somos infieles y un largo etcétera de cosas falsas.

Por poner un ejemplo de mi ciudad, hay “empresarios” que se mueven con la bandera de la Responsabilidad Social, organizando eventos para cambiar la ciudad, pero su verdadero interés es presionar al gobierno para tener la concesión de la publicidad en los puentes y un sinnúmero de canonjías, disfrazando el discurso de “me interesa mi ciudad y quiero trascender como un gran hombre que se dejó la vida por Tijuana” y la realidad es que sus intereses mezquinos los disfraza de ayuda, debo reconocer que el evento fue bueno el primero.

Por otro lado, está el caso del gran Andrew Carnegie: tenía muy clara la distinción entre acumulación de riqueza y su redistribución caritativa, como actividades separadas. Su objetivo era acumular la mayor riqueza posible para entonces hacer grandes donaciones y pretendía hacer una separación de cómo se obtiene el dinero y del como se reparte, con el objeto de aislar el primero de los juicios morales.

Ganar más para donar más, pero en estos días no deberá ser aceptable porque se exige que ese ganar más, sea ganar más con responsabilidad. Gastando millones en filantropía, también fue alguien para quien cientos de miles de personas trabajaron largas horas en condiciones que hubieran horrorizado a una generación (explotación y esclavitud).

Hay que entender que lo verdaderamente importante es la manera en la que generas la riqueza, no en que te la gastas para expiar tus pecados y poder tener la conciencia tranquila.

Ya basta de simulaciones, ni políticas, ni empresariales, ni disfraces, ni caretas, ni empresarios hipócritas. La corrupción se da en ambos lados de la moneda, pero el mundo ya no aguanta más. Ya basta de usar a los organismos para obtener candidaturas o tráfico de influencias. Tenemos que entender que el mundo no soporta ni un minuto más. Mi querido pseudo empresario deja de usar a la ciudad para tu beneficio personal disfrazado de ayuda y de verdad transciende haciendo buenas cosas, empezando por cambiar tu actitud y tú ambición desmedida, los ataúdes no tienen espacio para las tarjetas de crédito.

“Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza”. Gabo