Los re estiradores o rellenadores y nosotros, el público

Por El Recomendador

Cansados de trabajar, llegamos a casa a descansar con nuestras series de Televisión. No, no somos adictos a ellas, simplemente vemos lo que realmente nos gusta. Hoy, no son los libros de caballería que devoraba don Alonso Quijano, el bueno, antes de convertirse en don Quijote, ni los episodios, de las mil y una noches, pero sí aventuras de muchas clases que vienen de la televisión comercial y pública. Compramos y pagamos la cuenta, sí; pero y eso, ¿qué tiene de malo y qué tiene de bueno?

 

Todos saben que el consumista compra sin fijarse. Y que, si un producto que fue bueno, luego empieza a disminuir en su calidad, el buen consumidor, deja de comprarlo. Hablando de lo que hay EN PANTALLA que es o que se llega convertir en un mal producto, el buen espectador, debe desecharlo.

Las estaciones de TV, de por sí, tan llenas de bodrios, tan repletas de anuncios necios y tan pletóricas de escenas con una imbecilidad profunda deben, en eso recibir rechazos del público. Claro, ninguno de los lectores de esta columna es consumista, pues quien lee una crítica, busca buenos criterios para elegir bien lo que ve y se niega a prender la televisión como un autómata.

Oír historias es algo tan viejo como la humanidad. Siempre nos hemos dejado fascinar por la trova, por el relato de aventuras, por los cuentos de Scherezada por “el continuará mañana” que se nos hace eterno.

Pero, cuándo el relato deja su encanto ¿qué hacer? Cuando los  re estiradores a sueldo agrandan algo exitoso, al principio hasta deformarlo, esto ya no es necesariamente ni algo artístico ni algo ingenioso. Lo que se hace para estirar una telenovela hasta que revienta en el absurdo. El afán de ganar dinero a como dé lugar echa a perder los relatos… Meten episodios y temporadas de relleno que, muchas veces, deforman la personalidad de los protagonistas y hacen de lo fraudulentamente agrandado, algo absurdo.

El espectador exigente no debe conformarse en esos casos. Habrá público dispuesto para la versión diez ocho del Rambo. También hubo lectores para el Quijote apócrifo. Las segundas partes dice el dicho manoseado “nunca salen buenas”. Pero no, no es cierto, la segunda parte del Quijote escrita por Cervantes fue incluso mejor que la primera. Pero es cierto, que lo más frecuente sea que los escritores que alargan los argumentos para vender más, casi nunca aciertan a darnos nada que valga la pena.

Creo que usted no debe dejar que se le dé gato por liebre. Las series exitosas, como la Esposa Excelente o  House of cards, aparecen restiradas de mala manera. Ofrecen un montón de escenas incoherentes, arbitrarias, inconexas. Multiplican sin razón las escenas sexuales forzadas. Hacen sensacionalismo con un presidente ruso y una primera dama, grotescos. Y terminan con un asesinato, en Venezuela.

Pido, pues, al espectador sutileza para rechazar este tipo de engaños que hoy son tan frecuentes…

licjpa97@prodigy.net.mx