Los rapsodas de la peste

Por Daniel Salinas Basave

¿Cuáles serán las obras de arte que nos dejará por herencia la pandemia del Covid-19? ¿Qué tan profundas serán las huellas culturales de esta plaga? Lo natural es pensar que habrá cientos de novelas, cuentos, reportajes, poemas, películas, documentales, pinturas, canciones y toda una gama de expresiones artísticas inspiradas por el Apocalipsis 2020.

Sin duda muchas de ellas  existen  ya. Las tragedias y los cataclismos suelen arrastrar consigo semillas de inspiración y la única certidumbre es que son decenas de miles los creadores de arte que han dedicado los días de encierro a dar rienda suelta a las ideas. Lo lógico, lo coherente, sería creer que una catástrofe de estas dimensiones quedará marcada para siempre en algunas obras capaces de romper la barrera del tiempo y trascender en la posteridad, pero tampoco es descartable que a la pandemia le siga una tormenta de silencio, olvido e indiferencia y que dentro de dos años estemos pensando en otra cosa con enormes ganas de olvidar y dejar atrás.

Por ejemplo, es sorprendente ver lo magro del legado cultural de la gran pandemia de gripe española que hace cien años mató a más de 50 millones de seres humanos. Aquella devastadora influenza que tomó por asalto al mundo en 1918, fue muchísimo más letal de lo que hasta ahora ha sido el Covid-19 y sin embargo, su triste recuerdo no es algo omnipresente en nuestras vidas.

Pese a que nuestros abuelos o bisabuelos sin duda ya vivían cuando irrumpió esa plaga mortal, lo cierto es que hablamos muy poco de ella. Por ejemplo, si revisamos hechos o fenómenos ocurridos hace más o menos un siglo, la conclusión es que una hecatombe tan focal como el hundimiento del Titanic, ha inspirado muchas más películas y libros que la olvidada gripe española. Ni hablar de las guerras mundiales, la Revolución Rusa, la Revolución Mexicana, el decadente glamour de los años veinte o el crack financiero y la depresión del 29.

No era por cierto por falta de exponentes artísticos. Muchos de los mayores genios  del Siglo XX vivieron la gripe española, que de hecho mató, entre otros, al pintor Gustav Kimnt y al poeta Guillaume Apollinaire. Uno de los poquísimos testimonios artísticos legados por esa enfermedad fue Autorretrato con la gripe española del pintor noruego Edvard  Munch y pare usted de contar.

En 1918 vivían creadores del tamaño de Joyce, Proust, Kafka, Svevo, Fitzgerald, Hesse, Zweig, Hemingway, Picasso, Dalí, Siqueiros, Rivera. ¿Cómo es que no hay una novela, una pieza musical, un mural o una película  emblemática de la gripe española? ¿Cómo diablos pudo pasar tan desapercibida un drama de semejantes proporciones? La legendaria peste negra de 1348 nos dejó por herencia el Decamerón de Bocaccio o los poemas que Petrarca escribió a su musa, Laura de Noves, a quien la plaga bubónica mató.

La epidemia del Siglo XVII en Londres dejó como legado Diario del año de la peste de Daniel Defoe. ¿Dejará algo en herencia el coronavirus o acaso ya somos el olvido que seremos?