Los muros sí caen (Parte 1) – Berlín 1989

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Valente y yo nacimos en un mundo que ya estaba separado por un muro en dos bloques: El comunista y el capitalista, perteneciendo a la generación “X” que se cuestionaba y no entendía por qué había una gran cantidad de personas que no tenían las libertades de los países considerados capitalistas.

Soñaba que cuando fuera grande viajaría a Berlín y a Moscú y mi madre me recordaba que la URSS y los países del bloque del Este debían de estar descartados de mi lista porque no sería fácil entrar, pues había restricciones y la gente no tenía libertad y ponía de ejemplo un Berlín dividido en dos y donde por cada familia había un espía.

A lo largo de mis 46 años de vida podría decir que la caída del muro de Berlín es uno de los sucesos más maravillosos que he visto no solo por lo que significó;  sino porque pensé que pasaría la vida esperando su caída. Por eso cada que visito países de lo que fue la Europa oriental respiro profundo y respiro libertad, por los que murieron antes de verlo.

En un discurso, Lech Walesa dijo que “El 50 por ciento de la caída del muro pertenece a Juan Pablo II, el 30 por ciento a Solidaridad y Lech Walesa y el 20 por ciento al resto del mundo”. Walesa afirmaba esto porque siempre señaló que sin el papa polaco no hubiera habido la revolución de Solidaridad en Polonia en 1980, que derivó en un cambio dramático en la política soviética hacia la Europa oriental que hizo que el 9 de noviembre de 1989 cayera el muro de Berlín. Símbolo de la cortina de hierro.

Yo agregaría que dentro de ese 20 por ciento que influyeron en la caída del muro,   está Ronald Reagan con su consistente política de confrontación ante el régimen comunista y su épico discurso de 1987 en Alemania que decía “Hay una señal que pueden hacer los soviéticos que avanzaría dramáticamente la causa de la libertad y la paz. Secretario General Gorbachov, si busca la paz, si busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa del Este, si busca la liberación, señor Gorbachov, venga y abra esta puerta”.

El llamado papa peregrino nacido en Polonia rompió patrones con su postura anticomunista en su tierra natal que visitó públicamente, dando la fuerza al pueblo polaco para oponerse al comunismo. En Varsovia en 1979, diez años antes de la caída del muro, en un mensaje dijo “No tengo miedo”; seguido de esto dijo la siguiente oración: “Que tu espíritu descienda y cambie la faz de la tierra”. Y como si fuera una declaración de arranque de la carrera hacia la libertad, su mensaje liberó a muchas personas que luego obligaron a los políticos a lograr los cambios.

Era 9 de noviembre de 1989 cuando el mundo vio las imágenes donde el muro de Berlín caía sin violencia, simbolizando el desplome del comunismo y la unión de un país que había quedado dividido 45 años a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. Casi tres meses después el 3 de febrero de 1990 el Soviet Supremo aprobaba la ley de modalidad de secesión de las repúblicas de la URSS comenzando la disolución de la Unión Soviética; y el fin de la guerra fría que tuvo al mundo bajo tensión por décadas.

La próxima semana hablaré de la Revolución de Terciopelo de 1989 en Checoslovaquia efecto dominó de la caída del Muro de Berlín.