Los Muñecos las vuelven locas

El Recomendador

Reseñaré la serie de Netflix Toy Boy que en traducción libre llevaría el nombre de “el muñeco de juguete”. Serie española que va para dos temporadas, la producción es lujosa, cara y plagada de historias colaterales.

Es sumamente tramposa, cuenta con grandes dosis de suspenso sensacionalista. Los cambios sospechosos salen al paso por todas partes. Lo que empezó por un crimen se convierte en una cadena.

La supuesta defensa penal, nunca acaba ni en el pasado ni en el presente ni en el futuro. Un primer asesino misterioso da lugar a una multiplicación de asesinatos en 21 episodios de una primera temporada.

Mucho también tiene de telenovela larga para que los picados hagan maratón. Inicialmente esta serie de televisión fue vapuleada por la crítica. A pesar de eso, cuando se ofreció en plataforma rompió récord de audiencia y se convirtió en un éxito viral.

El argumento prometía fuertes dosis de voyerismo pornográfico que no se da, los adictos a esto salen decepcionados, pero los adictos al “adivina quiénes son los asesinos”, salen fascinados.

Hay jovencitas y otras, no tanto, que se vuelven locas. El humorismo ha sido la puerta de entrada para que numerosas muchachas (que hoy quizá ya son mayoría) hayan descubierto el equivalente para ellas del teatro de vodevil y de topless al que íbamos los varones (“topless” se denominaba al hecho de que una mujer se desnude en público de la cintura para arriba).

Esto lo introdujo en los años treinta, Josephine Baker. Los varones jóvenes las íbamos a ver al teatro de carpa, a cabarés y prostíbulos del siglo XX. Ahora ha pasado a los cabarés, al cine y a las redes sociales favoritas de muchas jovencitas o incluso de mujeres maduras hoy asiduas a estos muñecos que bailan y, al final, descubren su miembro viril a cambio de dinero en medio de gritos de júbilo.

La moda de despedir la soltería de la mujer exige espectáculos de desnudo como algo indispensable para muchas mujeres y para quienes comparten la inclinación sexual que tienen ellas. Se legalizaron los desnudos y, actualmente, atléticos bailadores muestran su pene entre los alaridos y las risas del público adicto, ya no sólo a los sitios pornográficos sino también en los bares y cabarés donde bailan los muñecos a punto de desvestirse.

La serie que, por supuesto, no logra convencer de la calidad de que este tipo de baile “sugerente” sea un arte, está llena de aventuras y de drogas, de asesinos cambiantes, de escenas sensacionalistas de violaciones infantiles además de las aventuras atractivas.

Hay también machismo: Hugo (Jesús Mosquera) sumamente acomplejado que “no sabe hacer otra cosa más que esto de bailar” y las dos mujeres: Macarena (Cristina Castaño) y Triana (María Pedraza).

Hay elitismo. Se trata de empresarias dominatrices, en medio de una corrupción de todo el aparato de procuración e impartición de la justicia. En suma, un gran éxito de taquilla y trece horas de abdominales y bailes. Ni Toy ni Boy: cosificación masculina. Y es que, como dice cierto crítico: sin puterías, no hay paraíso.