Los Mitos del Bicentenario: Una serpiente oculta bajo la imprenta

Por Daniel Salinas Basave

danibasave@hotmail.com

En esta cuarta entrega sobre la historia de la primera imprenta en América, hablaremos del misterio oculto en la Casa de las Campanas, donde el impresor Juan Pablos tuvo su taller. Sucede que la guardiana simbólica de la primera imprenta de América, fue la enorme cabeza en piedra de una serpiente, prófuga de la destrucción del templo de Tezcatlipoca, que se encontraba sepultada a 82 centímetros de profundidad bajo el taller donde estaba la rotativa y fue encontrada en 1989 durante los trabajos de restauración coordinados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la UAM. Actualmente la cabeza de esa serpiente se exhibe en la Librería Juan Pablos del Museo del Libro de México coordinado por la UAM.

Aunque es difícil saberlo, hay quien considera que por la poca profundidad a la que se hallaba sepultada la serpiente, es muy posible que la escultura azteca haya sido una compañera habitual de los primeros tipógrafos de América, quienes se habrían acostumbrado a trabajar con ella sin que les resultara sorprendente tener una figura pagana dentro de su taller. Lo que a la distancia me resulta inconcebible, es que en un inmueble controlado por el arzobispado, se permitiera la convivencia con un ídolo “herético y demoníaco”. Cierto, Juan Pablos no leía lo que imprimía, pero el obispo Juan de Zumárraga y los suyos supervisaban con lupa cada punto y coma que se imprimía en la Casa de las Campanas. No hubo párrafo impreso que escapara a la censura de la iglesia en aquellos primeros años de la rotativa en América, sin embargo, la presencia de la serpiente apenas unos centímetros bajo el lugar donde se imprimían textos sacros, me hace pensar en que por más censura y control que se intente imponer sobre los libros, hay siempre palabras prófugas y rebeldes. El libro, al final, acaba por obtener vida propia y liberarse de las amarras. 

La imprenta fue traída a América como una herramienta de evangelización, pero la némesis pagana de esa doctrina monoteísta yacía justo en lugar donde se imprimía el nuevo catecismo. La urbe colonial fue una ciudad- palimpsesto y por ley de probabilidad, era factible encontrar ídolos aztecas sepultados bajo las nuevas edificaciones, pero en cualquier caso, la imagen de unos prensistas recién llegados de Europa que imprimen misales en una rotativa bajo la cual acecha una serpiente colmilluda, me hace pensar con fascinación en ese espíritu oculto que yace en el libro más improbable y siembra la semilla de la duda, fuente de todo conocimiento.

Con un poco de inspiración imagino un cuento: Un prensista europeo recién llegado al misterioso nuevo mundo, funde tipos por la noche y de pronto se da cuenta que sus pies están posados sobre una gran piedra y al escarbar un poco, da con el ojo de la serpiente. El prensista guarda el secreto y la víbora sepultada empieza a ejercer un mágico influjo sobre él, una suerte de hechizo que lo lleva a imprimir textos clandestinos de madrugada, mismos que su jefe analfabeto Juan Pablos no es capaz de descifrar.

*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura, categoría Ensayo.