Los Mitos del Bicentenario: Una joven individualista de 125 años

¿Cómo festejar a tu ciudad en el supuesto día de su cumpleaños número 125? En mi caso, celebro sosteniendo que habito en el mejor lugar de México, aún a contracorriente y frente a no pocos nubarrones de tormenta.

Cierto, cada quien habla como le va en la feria, pero con 40 años de vida y un buen kilometraje en las botas y la mochila, puedo afirmar que a la hora de poner pros y contras en la balanza, esta región es uno de los sitios más amables para establecer un hogar.

Su espíritu, su atmósfera, su clima, su posición geográfica, su gente y su diversidad me hacen preferirla sobre otros lugares que tal vez en una encuesta o tabla de clasificación aparecerían con un mayor puntaje en calidad de vida. He vivido en Monterrey y en la Ciudad de México, he pasado algunas temporadas en el extranjero y he viajado por 21 países y al final, tras un ciclón de nostalgias y sueños postergados, mi conclusión es que este es mi sitio.

Llevo quince años viviendo en Tijuana; aquí ha nacido mi hijo, aquí está mi hogar y aquí quiero seguir viviendo. Claro, ello no significa que idealice a esta tierra o que en afán de proclamar a los cuatro vientos el amor que le tengo, acabe cayendo en un patético discurso de folletín turístico o en una perorata motivacional.

Lo que me gusta de Tijuana es su permanente vocación por el desafío, por pelear la contra, por romperle los dientes al engranaje de lo ordinario. Hay ciertas banderas solitarias levantadas por agricultores del mar y escultores en hielo en el desierto que me hacen tenerle fe a esta ciudad. A Tijuana la hace grande su gente, o más bien dicho algunos esfuerzos individuales con cara de utopía que saben remar cuando las aguas están picadas.

No somos una ciudad donde haya fenómenos de masas o donde haya multitudes organizadas. Somos una ciudad de mil y un esfuerzos individuales, veladoras solitarias que brillan en la tormenta. Somos la esencia más pura del “hazlo tú mismo”. Aprecio nuestro individualismo (yo me confieso un individualista incurable) aunque reconozco que a veces nos hace falta aprender a tocar como orquesta.

Si lo mejor de Tijuana es su gente, lo peor, tradicionalmente, han sido sus gobiernos. Tenemos una autoridad federal ciega, sorda e idiota que ha sumergido a Baja California en un pantano recesivo cuyo saldo son cientos de negocios locales con un letrero rojo de “se renta” y calles atiborradas de gente sin hogar y sin futuro. Lo peor es que los gobiernos locales no ayudan gran cosa. Somos campeones del abstencionismo porque hace tiempo perdimos la fe en esos grupúsculos de rémoras que se reciclan en las ubres del presupuesto público.

Cuando Baja California enfrenta la peor recesión económica de su historia y la inseguridad vuelve a encender focos rojos, tenemos un gobierno monotemático y merolico cuya única prioridad hacia la que concentra todos sus esfuerzos es un turbio centro Teletón. Más dudas que certezas y más nubes que cielos claros en este 125 aniversario de Tijuana, pero pese a ello, creo que tenemos razones para festejar. Después de todo, tenemos un doctorado en pelar la contra y morderle fuerte a la adversidad.