Los Mitos del Bicentenario: Pobre Rosarito

Pobre Rosarito. Parece que su destino y vocación es ser gobernado por los  peores políticos de Baja California, los más ruines, los más descaradamente corruptos.

Rosarito es la eterna historia de lo que podría llegar a ser o más bien la historia de lo que pudo haber sido si no hubiera tanta lacra saqueándolo y viviendo en conveniente matrimonio con la mafia y los terratenientes defraudadores.

Una tarde cualquiera de domingo irrumpe la cacofonía de los cuernos de chivo y cuatro vidas, entre ellas la de un niño, son apagadas en Los Arenales. En el retén de Popotla los espantapájaros cumplen con molestar turistas mientras los comandos armados van y vienen frente a su nariz.  ¿Es ese el gran corredor turístico que deseamos ir a vender en el extranjero? En todo caso, cumplimos con ofendernos y rasgarnos las vestiduras cuando la Embajada de Estados Unidos nos cataloga como un lugar peligroso.

Eso sí, en sus semáforos eternamente descompuestos debes ir con mucho cuidado de que su siempre hambrienta policía no te haga blanco de sus extorsiones. En Rosarito es más penado pasarse un alto que irrumpir en una fiesta con AK-47. Lo peor es que la delincuencia ya se ha dado cuenta que en Rosarito se puede trabajar sin problemas y que sus funcionarios son amigables con el criminal o los inmobiliarios estafadores.  

Una masacre como la del pasado domingo trasciende en los medios (sobre todo, por desgracia, en los estadounidenses) pero en Rosarito se cometen cada vez más delitos de los que nadie habla. En las últimas dos semanas seres queridos han padecido el flagelo de la delincuencia en el quinto municipio. En ambos casos el desenlace fue impunidad e indiferencia de las autoridades.

En Rosarito pueden asaltar tu negocio a mano armada en pleno medio día o meterse a robar a tu casa una mañana cualquiera y lo único seguro es que la autoridad no hará nada para ayudarte.  Es el municipio más  joven pero Rosarito parece tener vocación por la decadencia. Su crecimiento comenzó hace 30 años y sin embargo Rosarito te mira con los ojos de quien jura haber vivido tiempos mejores, como un adolescente avejentado que se amargó antes de haber llegado a eso que llaman plenitud de la vida.

Rosarito es un sueño eternamente postergado, la triste historia de una posibilidad de éxito nunca conseguido. Sí, nos quedan las puestas de sol tras las Islas Coronado, las olas furiosas, las aguas siempre heladas, el muelle abandonado, pero fuera de eso no queda mucho más. ¿Alguna vez hubo algo más? La nostalgia es mentirosa (nada más triste que añorar aquello que jamás sucedió, diría el poeta de Úbeda) pero existió un tiempo no tan lejano en que por estos   rumbos hubo algo que con un poco de imaginación y una dosis de optimismo podría haberse parecido a la abundancia, o al menos al idilio bobo de quienes creen haber dado con un escondite para despistar a la vida real.