Los Mitos del Bicentenario: Minutos de inspiración e infortunio

 

Existen minutos, – de inspiración o infortuniocapaces de condicionar, definir o marcar para siempre una vida. No importa si la vida en cuestión dura cincuenta, ochenta o cien años. Da lo mismo. Cada día o cada lustro de esa existencia serán esclavos del minuto fatal o el minuto de gloria, marcados a hierro ardiente por ese abrir y cerrar de ojos que torció, sepultó o encumbró un camino. Los creyentes en la omnipotencia de un destino irrenunciable trazado por dioses caprichosos, dirán que nada podemos hacer para escapar a ese minuto. Hay una voluntad superior que así lo ha definido y nosotros, pobres juguetes de la deidad, debemos resignarnos y someternos a sus designios. En cambio, los defensores de la aleatoriedad dirán que todo es posible en el caos y que si a caprichos vamos, ningún dios iguala a las leyes de la improbabilidad y sus azarosas combinaciones. Por supuesto, los promotores de la cultura del esfuerzo y la superación, dirán que todo en la vida es consecuencia de lo que se hace o deja de hacer. La perseverancia, la tenacidad y la paciencia obtienen su recompensa tras años de abnegación, de la misma forma que la irresponsabilidad, la desidia y el vicio prolongado acaban por cobrar factura irreversible. Esos mantras suelen ser efectivos en manuales de superación personal.

La realidad es que somos hijos del caos, no del orden, y casi todo lo que es trascendente o digno de recordarse, ocurre en instantes de lo más fugaces. De hecho todos nosotros somos producto del non plus ultra de lo improbable y aleatorio, como lo es el solitario espermatozoide entre millones que logró fecundar al óvulo materno. Dejemos los debates teológicos para después: la primera gran lotería de nuestra vida es nuestro origen. La existencia después se transformará en un amasijo de horas y días prescindibles cuyo único destino posible es el olvido y de los que solo archivaremos vagas sensaciones, imágenes mostrencas que resumirán, en uno o dos recuerdos, una etapa o un proceso de años. Si a ello sumamos que esa galería de sorpresas, emociones y horrores que conforman el pobrísimo archivo de nuestros recuerdos suele limitarse a unos cuantos instantes, podemos concluir que la vida humana es por definición un gran tiempo muerto colgado de unos cuantos minutos decisivos.

Toda esta reflexión sobre los segundos capaces de subordinar una existencia, es el comienzo de una historia que he comenzado a escribir. Como siempre, he comenzado con la idea de crear un cuento corto y al final la criatura mutó en algo a medio camino entre la novela corta, el ensayo o el desvarío. La he titulado El minuto de Alcides y gira en torno al minuto de gloria que condicionó y marcó la vida de un futbolista uruguayo. La idea era crear un cuento de futbol, pero los textos son bestias rejegas con vida propia capaces de emprender su propio camino. Por lo pronto, esta historia me ha tomado en sus manos y no parece dispuesta a soltarme.