Los Mitos del Bicentenario: La pifia periodística del siglo

Soy y he sido un devoto lector del diario español El País. No pasa un solo día de mi vida sin que me asome varias veces a su página de internet, sin duda mi ventana favorita para mirar y tratar de entender el mundo de hoy. Vaya, para no ir más lejos y hablar sin rodeos, debo decir que lo considero el mejor sitio de noticias en lengua de Cervantes. Sus editoriales, la manera de desglosar e interpretar bajo ángulos contrastantes temas complejos de actualidad, su sección cultural y sus enlaces a blogs, provocan que su lectura sea uno de esos vicios cotidianos que hacen agradable el día a día como un buen café en la mañana. Sin embargo, mi diario preferido ha incurrido recientemente en dos gravísimos errores.

Hablemos del primero. Al igual que los grandes periódicos del planeta, El País se encuentra sumergido en una zona de números rojos que le ha llevado a despedir a 129 trabajadores, entre los que se encuentran veteranos periodistas de la generación fundadora. El criterio gerencial y la cuadrada mentalidad de ahorrar centavos aun a costa de sacrificar creatividad y experiencia se impuso, como suele imponerse en la mayoría de los diarios en crisis. Error grave sin duda, pero no tan escandaloso y vergonzante como la segunda de las pifias, una verdadera estupidez que ha impactado directamente en el mayor tesoro que puede tener un medio de comunicación: su credibilidad. El País cedió al morbo y al ridículo afán de tratar de ganar lo que pensaban era una primicia, publicando a ocho columnas una supuesta foto del presidente venezolano Hugo Chávez agonizante y entubado en una sala de operaciones. En teoría la imagen había sido tomada clandestinamente por una enfermera cubana y fue vendida a El País a 15 mil euros por la agencia Gtres Online. Aunque me cueste horrores creerlo, a este gigante de la comunicación lo “chamaquearon” como a un vil novato vendiéndole a precio de oro una foto falsa. La foto fue tomada hace más de cuatro años y por supuesto, el paciente que aparece en ella nada tiene que ver con Chávez. Imperdonable no verificar la autenticidad de la imagen. Sin embargo, aun si la fotografía hubiera sido auténtica, la decisión de El País me parece de pésimo gusto. ¿Qué le aporta a un lector la foto de un pobre hombre doliente y agonizante? Cierto, Chávez es polémico, Chávez es odiado, pero en la hora final es solo un ser humano víctima de una enfermedad terminal. ¿Cuál es aporte informativo de mostrar su sufrimiento con total desparpajo? Morbo, sólo morbo y la necesidad de vender a toda costa. Su ridículo error costó a El País más de 225 mil euros por parar las prensas y sacar una nueva edición, una bicoca si se compara con el tamaño del descrédito y la burla mundial. Hay errores que dejan marcas imborrables, como un tatuaje en pleno rostro. El cometido por El País es uno de ellos. Aun así no pienso dejar de leerlos. Existen vicios sin rehabilitación posible.