Los mitos del bicentenario: La cuesta arriba que le espera a Kiko Vega

Extraño sabor de boca me deja el proceso electoral 2013: celebro la derrota de quien consideraba más peligroso, pero no soy demasiado optimista respecto al futuro que nos espera con nuestro próximo gobernador

Lo diré con brutal honestidad y sin tapujos: los bajacalifornianos salimos ganando al no tener que ser gobernados por Fernando Castro Trenti; el problema es que no ganamos nada con el triunfo de Francisco Vega de Lamadrid. Creo que habría algún motivo para esperar por lo menos un cambio de rumbo si el ganador hubiera sido, por ejemplo, un Gastón Luken o en su defecto un Osuna Jaime. Vaya, un político con una visión más moderna e innovadora, acorde con los retos de nuestra entidad.

Cierto, el triunfo de Kiko es meritorio, pues compitió en circunstancias en extremo desfavorables contra un rival que partió como favorito, que tuvo a la mayoría de la prensa comprada y contó con un árbitro sucio operando a su favor, pero tampoco es para embriagarse en las mieles de la victoria. Que Kiko Vega sea hoy el gobernador electo de Baja California es el resultado de una suma de improbabilidades y una muy extraña alineación de astros. La candidatura le cayó de rebote. Vega es el pescador que salió ganando en un río panista terriblemente revuelto.

La rueda de la fortuna ha sido caprichosa en la carrera de Kiko. La muerte de su mentor Héctor Terán le impidió ser su sucesor en 2001, pero la muerte de Francisco Blake permitió que fuera candidato del PAN a la gubernatura en un momento en que el tren de la oportunidad se había marchado ya de la estación de su vida. Seamos sinceros: en 2011 Kiko Vega ya olía a cadáver político y no hubiera tenido una ínfima posibilidad de ser candidato del PAN si Blake hubiera vivido.

Kiko ganó la elección más vulgar de la historia de Baja California en gran medida por el resignado voto de quienes no queríamos que llegara Castro Trenti. Su triunfo es absolutamente legal, pero no es producto de un gran respaldo social o de una ola de fervor ciudadano como le ocurrió a Ruffo. En el horizonte de Vega veo focos rojos. Kiko va tener que ser sumamente autocrítico y mostrar una dosis de humildad si quiere sortear con éxito un sexenio que se antoja cuesta arriba. Su primer gran reto es saber ejercer el pleno liderazgo de su gobierno y de su partido y la verdad es que Vega de Lamadrid nunca ha sabido ser un líder. Si se descuida, su administración puede convertirse en un campo de batalla entre facciones panistas voraces. Si Kiko fracasó como alcalde, fue en gran medida porque nunca pudo ser el líder de su gobierno y sus “compañeros” de partido se encargaron de sabotearlo. ¿Habrá aprendido de la experiencia?

Con el Congreso más plural de nuestra historia y un gobierno federal priista, Kiko va a requerir tender puentes y contar con hábiles interlocutores. Kiko Vega le debe la gubernatura a dos declinaciones: la de Óscar Vega y la de Jorge Ramos. Estos dos nombres van a ser fundamentales en el sexenio. El problema es que estos personajes son cabezas de dos grupos que acabarán enfrentados. El espacio se acaba. Ya analizaremos la guerra civil panista que se aproxima en la siguiente columna.