Los Mitos del Bicentenario: ¿Soy de izquierda o de derecha?

 

Cargo con un karma a cuestas: con idéntica vehemencia y convicción se me ha señalado a lo largo de mi vida por ser izquierdista o derechista. Hay quien me ha echado en cara ser un bolchevique, de la misma forma que hay quien me ha acusado de ser de ultraderecha, lo cual no deja de darme risa. ¿De qué lado se supone que estoy?

Hace tiempo me quedó claro que los términos izquierda y derecha tienen nula vigencia en México para definir una orientación política o ideológica, aunque hay ciertos clichés con los que en teoría se identifican. En México la ultraderecha suele identificarse con un mojigato conservadurismo clerical, pero al mismo tiempo son liberales o neoliberales en el tema económico. La izquierda mexicana, o ese ente amorfo y conflictivo que se define como tal, profesa creencias progresistas en torno a las libertades individuales y el respeto a la diversidad, aunque son terriblemente conservadores, por no decir retrógradas, en el tema económico.

Así las cosas, me permitiré enlistar un serie de posturas y creencias personales sobre diversos temas para tratar de determinar de qué lado se supone que estoy. De entrada me declaro ateo y enemigo de toda forma de dogmatismo religioso. Creo en el laicismo a ultranza y sostengo (pese a la tormenta de críticas que me acarrea) que sólo un mundo sin dioses puede aspirar a ser un mundo libre. También me pronuncio a favor de la legalización del aborto, la eutanasia, los matrimonios entre personas del mismo sexo y la despenalización de la mariguana. Considero ofensiva toda forma lujo o derroche; me molestan los afanes consumistas de la clase media y la usura tolerada de los bancos e instituciones de crédito, lo mismo que la estafa inmobiliaria y la descarada explotación laboral de las multinacionales. No creo en el libertinaje del mercado y sus caprichos, sino en una economía regulada. Esas creencias, en teoría, me convierten en alguien de izquierda.

Pero aquí viene la contraparte. De entrada, me pronuncio a favor de abrir Pemex a la inversión privada, y la defensa del petróleo, ya lo sabemos, es el máximo dogma de fe de esa cosa que en México se hace llamar izquierda. El primer mandamiento de todo izquierdista mexicano, es el odio a todo lo que huela a privatización petrolera, lo que repiten como mantra o letanía (cuestión de ver el escudo de armas de Morena, cuya única razón de existir parece ser defender el petróleo) Me pronuncio totalmente a favor de la reforma educativa y la reforma al Artículo 27 de la Constitución. Creo que el asistencialismo y el populismo le han hecho un enorme daño a este país, lo mismo que la rimbombante, cursi y resentida visión “indigenista” de nuestra Historia. También creo que el patrioterismo chauvinista que abomina de todo lo que huela a ese extraño enemigo llamado “Masiosare”, nos ha perjudicado inmensamente. Pienso que el Ejército Nacional está para garantizar la seguridad nacional y el crimen organizado la amenaza, por lo que apoyo totalmente el uso de la fuerza militar para combatir a la mafia. Esta postura me convierte, según algunos radicales, en un ultraderechista consumado. Así las cosas ¿de qué lado se supone que estoy al final?