Los mandamientos de tu piñata

Por Maru Lozano

Honra tu hambre.  Solo come disfrutando y no por quedar bien.

Escucha a tu cuerpo, ¿es hambre o ansiedad? Conéctate con tu sistema.

Una comida al día libre o pesada el cuerpo la aguanta, ¿pero todas?  Entonces come ligero para poder comer fuerte la comida de lujo y te ahorras las mil calorías de los dos cursos que no eran tan necesarios.

 

Mastica despacito, porque tu cerebro necesita veinte minutos para recibir la orden de que ya se está satisfecho.   ¿Qué tanto empacamos en ese tiempo?

Si es posible, empieza por comer verduras, la fibra ayuda a sentirte satisfecho.  

Si comienzas primero con el pan, el cuerpo produce glucosa, insulina y querrás más.

El vinagre de manzana, una cucharada en un vasito de agua tibia es buenísimo antes de cada comida y así no se absorben las grasas ni las azúcares.

Cambiar la rutina caminando en la mañana por ejemplo, así quemaríamos las calorías de más que a lo mejor ingerimos.

Vigila lo que bebes, porque por ejemplo, cada tortilla ¡es un tequila!  Para quemar una cerveza ¡habría que correr cuarenta y cinco minutos! Cambiar el carbohidrato por proteínas para entonces poder beber alcohol.

Las comidas de regalo compártelas, las galletas, los chocolates, dulces, etc.

Navidad no es sinónimo de engorda, es sinónimo de disfrutar, reunirse y de amar, sobre todo a uno mismo.

A la par, es importante estar conscientes de los sentimientos que detonan la compulsión.  Por ejemplo, no te enojas porque comes sino que comes para poderte enojar y salir de alguna tristeza.

Fomenta tu alegría y no la almacenes en forma de comida, relaciónate, abraza, expresa, vincúlate.

Muévete, si comes compulsivamente te estancas, pesas más y así te aquietas para evitar ser lastimado.

No regreses a tu vieja armadura, relájate y haz contacto con los demás, con su plática, con sus experiencias, con sus ojos…  la comida es lo de menos.

Ante una circunstancia de vida o experiencia desagradable como una pérdida, un accidente, una separación, etc.  solemos usar nuestras herramientas de superviviencia como adaptación al medio. Estas herramientas se conectan con nuestros sentimientos porque cuando algo nos impacta, como que nuestro organismo se pone a revisar y a definir cómo sentiríamos menos daño.    Por otro lado, el sentimiento que nos puso en riesgo sería el que probablemente escondamos y no querramos sacar.

Todo esto tiene gran relación con la comida y las enfermedades que en diciembre se refuerzan.

La comida o los resfriados los usamos para salir de los sentimientos que consideramos prohibidos o peligrosos y así regresar a los “permitidos”, “cómodos” o “conocidos”.

Recordemos que solo nacemos con cinco sentimientos:  Miedo, afecto, enojo, tristeza y alegría.  Cada uno es bueno mientras sirva temporalmente pero con miras a reflexionar y equilibrar.   Los sentimientos tienen que ver con la satisfacción de nuestras necesidades, no de las necesades y saber identificarlas sería la mejor inversión que podríamos hacer en esta temporada de fiestas para no convertirnos en la piñata de las posadas y lamentarse después.  Te recomiendo un libro de Geneen Roth “Cuando la Comida Sustituye al Amor”, apostemos al alimento efectivo y a la óptima manera de relacionarnos con los agentes externos.