Los malos hábitos

Por Juan José Alonso Llera

“Los malos hábitos es más fácil romperlos que enmendarlos”.

Estamos en el primer cuarto de este 2024 y no puedo evitar que me invadan una serie de sentimientos, que me obligan a hacer un balance sobre el pasado y como apuntar mis baterías para los siguientes 10 meses donde solo quiero cometer errores nuevos, para aprender, mejorar y enfrentar la velocidad a la que nos movemos (inteligencia artificial incluida). Así que paseando por la internet me topé con algunos escritos que subrayan los malos hábitos que nos afectan en la cultura mexicana, que parecen ser el origen de lo que nos impide llegar al primer mundo.

Los malos hábitos tienen consecuencias negativas como una mala calidad de vida, creando insatisfacciones en diversos aspectos emocionales, económicos y afectivos en nuestra existencia.

La identidad del mexicano se desarticula, se vuelve a formar y nos sorprende con extrañas conclusiones que se reflejan en nuestra personalidad. Cada uno es sumamente distinto y al mismo tiempo similar.

Tenemos tradiciones, costumbres y un contexto que compartimos. Los tan odiados chilangos (para satisfacción de algunos me incluyo, cada vez menos), somos la causa de vergüenza de los otros estados, el típico junior que cree que tiene todas las concesiones por vivir en la capital y puede comportarse como quiera cuando va a otros lugares; al igual que el gringo mal portado cuando cruza a Tijuana, que teniéndolo todo, no lo aprovecha.

En fin, hay muchos estereotipos, pero en general en México hay cosas que a veces desearíamos evitar, redimir, no ser parte, pero no todos somos conscientes de las consecuencias de las acciones. Aquí les enlisto las más obvias, marcadas y lastimeras que vivimos en el día a día todos los paisanos.

•           El “ahorita”. Dejamos todo para el último momento, para cuando ya no tenemos otra opción.

•           La impuntualidad. Estamos acostumbrados a oír cosas como “había mucho tráfico”, “me estoy estacionando, llego en cinco” o “no sonó el despertador”. Esto demuestra el respeto casi nulo que tenemos ante el tiempo de los demás.

•           El manejo del doble sentido. Para definirlo de manera elegante: Cada uno de los interlocutores, a través de trampas verbales y de ingeniosas combinaciones lingüísticas, procura anonadar a su adversario; ingenioso, pero acaba siendo una disculpa para muchas cosas.

•           Lo podemos todo. “El mexicano puede doblarse, humillarse, ‘agacharse’ pero no ‘rajarse’, esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad”.

•           Chorero. Si no sabemos lo inventamos, decía un amigo muy querido de la prepa: “Juanjo, si no puedes convéncelos, solo confúndelos y ya está”.

•           Malinchista. Si en un trabajo piensan escoger entre un mexicano y un extranjero, del lugar que sea, el extranjero probablemente sea el que gane el puesto, porque seguramente sabe más que alguien que nació aquí.

•           Resignado y conformista. Es muy común escuchar frases como “si Dios quiere”, “ni lo mande Dios”, “ya Dios dirá…”. Porque nosotros no somos capaces de cambiar nuestra vida, requerimos un poder supremo. Mi favorita es “si se puede”, la usamos para todo y sin sentido, como si fuera mágica.

•           Hacerse el dormido, ignorar la situación. Simple en el metro del DF si se sube una embarazada, antes de cederle el lugar, toda una fila se hacen los dormidos.

•           Burlarse de todo.

•           Ser extremadamente religioso, para bien y para mal.

•           Ser machista.

En fin, como todo en la vida, hay que buscar los orígenes del problema y solucionarlo, no vivir eternamente apagando el fuego de las consecuencias. Escribí estas líneas a manera de introspección, pero con mucho cariño y respeto a este país que tanto quiero y me gustaría transformar los malos hábitos en fortalezas que nos hicieran ser el referente mundial. Vamos mejorando durante los meses que le faltan al año.