Los Lambiscones

Por Juan José Alonso Llera

En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos topado con alguien que te echa muchas flores, te adula, te dice que eres genial, si y solo si te encuentras en una posición de poder o por encima de ellos, pero solo basta que abandones o salgas de ese círculo para que te volteen la cara y cambien sus amores al jefe en turno. Su definición de origen es aquella persona que no contradice al jefe, aunque esté equivocado. Persona que para obtener o mantener influencia en las decisiones, recurre a argumentos agradables, pero nunca correctos, a los oídos de los que deben tomar una decisión final.

El  adulador no es un fenómeno exclusivo de las entidades gubernamentales, los hay por todos lados, pero creo que es una especie de animal o simbiosis parasitaria. Los lambiscones se alimentan de los jefes sujetos de adulación y viceversa, los jefes miden su éxito según la cantidad, calidad y tamaño de adulación, también funcionan muy bien ante dirigentes muy controladores. Aquellos que premian esta desdeñable práctica, entonces son los principales responsables del rezago en materia profesional de nuestra sociedad, porque creo que hay pocas cosas peores para nuestro desarrollo que ocultar los resultados detrás de las mentiras, las sonrisas fingidas y los amiguismo mal entendidos, si llevamos esta práctica al terreno de la vida diaria tenemos como resultado el México que vemos todos los días.

Es importante para el desarrollo profesional, personal, de las empresas y de la sociedad acabar con esta nefasta tribu, los que estamos en áreas de responsabilidad somos los primeros que debemos de hacernos una autoevaluación (vernos al espejo) para ver si somos o no vulnerables a los aduladores, de que tipo de personas nos rodeamos, si estamos buscando tomar rehenes que funcionen a nuestro antojo, o realmente tenemos gente pensante que nos permita crecer y desarrollarnos. Para aquellos que están en posición de elogiar, escondiendo su bajo rendimiento y además amedrentando a los de abajo con amenazas, entonces es hora de que empiecen a pensar en el futuro, los serviles terminan su carrera profesional en el momento en que se encuentren con un director que mide los resultados no las palabras bonitas. Además esta raza tiende a ser lamebotas con el de arriba y tirano con el de abajo. Hay otros que llegan muy lejos, a veces a altas esferas de poder, si eres de ellos o de los que crees que así llegarás a semejantes niveles, pregúntate si eso es lo que quieres dejar como legado, pregúntate si quieres ser recordado como una persona de resultados, o como un «lambiscón».

La verdadera persona es la que tiene voluntad propia y se acaba comportando según lo que siente, no diciéndole lo que el que paga quiere oír y se pierde en las falsas lealtades. Si el jefe (controlador) es una persona dominada por la vergüenza, intenta desesperadamente mostrar una mascara al mundo, donde cree que nunca comete errores o que el es un error en si, tiene a sus lacayos que no le permitirán aprender y crecer jamás. Con más adulaciones cada día te hundes peor, sin darte cuenta. Hoy en un mundo disruptivo la comodidad del lamebotas tiene sus horas contadas.