Los focos que parpadean

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Tantas cosas no creo,no por falta de pruebas, sino por falta de verdad. Falta verdad en el mundo, de esa que arranca gafas, de esa que te hace sentir el suelo, de la que te hace recordar tu humanidad, que te hace sentirla vida. A toda costa buscamos que nada duela, pasar por el día sin incomodidad, sin nada extra, y estamos ahí atrapados en el confort de nuestros límites, sin intentar recordarnos a nosotros mismo, tratando de olvidar lo que alguna vez soñamos, lo que deseamos; porque el dolor, el dolor ese que tanto ayuda, ya pocos por elección lo quieren sentir.  

Muchos viven el amor que les deja el resultado del miedo ala soledad, lo que tengan es, pero nunca solos, nunca en uno, llaman a lo primero que les llena los brazos por este nombre. Y se provocan el nunca ya encontrarlo, ¿cómo se puede llenar algo que ficticiamente está lleno?, si no hay vacíos solo acumulas, personas, objetos, memorias. 

El remedio falso es costoso, ese que te libera de toda sensibilidad, ese que te libera de la vulnerabilidad. Esa gran armadura que cubre tu cuerpo con tanta dureza, no te cubrirá de ti mismo, no sanará la herida interna, esa que florece en hedor y pena.

Hay puertas que debemos cruzar, caminos que debemos andar, no se vuelve nunca más sencillo, o quizá más lindo, pero es satisfactorio ver un mundo externo que refleje nuestras corazonadas, una pareja que sea nuestro amigo, un entorno que refleje nuestros sueños.

La experiencia es aquí y no sabemos de otra, las fases son muchas, como el dolor, como los colores.

El espejo sólo refleja, pero no tiene voz, no, él no dicta.