Los fans de las minucias frívolas

El Recomendador

Hay gente que se apasiona por ladrones de guante blanco porque son buenas gentes. Viven fuera de la ley, pero una ley construida para proteger a burgueses ricos pero que no es válida para los ladrones ingeniosos. Este personaje es como un héroe popular, a quien nadie le puede decir: ¡Ya cállate, Chachalaca! ¡Cuidado porque cuando aparece la moda del ladrón, desfacedor de entuertos, que se burla de los muy malos, porque va a tener una cauda de fans que lo seguirán y hasta añorarán sus hazañas!

Para los franceses Arsenio Lupín, como todo lo francés, es encantador e inconmensurable. Tal vez, por eso, se han producido series y películas acerca de él. Ahora lo encarnan unos negritos franceses en la serie que Netflix sitúa en París y en la que los argumentistas han ideado una forma de relatar contemporánea que consiste en llevar dos relatos de aventuras al mismo tiempo: uno en el pasado, plus tôt o antes; y, otro, en un hoy, muy actual. Parece que la emoción se hace más emocionante cuando se interrumpe la acción en el hoy, para referirse a algún hecho que se remonta a la infancia del personaje.

Dicen que Arsenio Lupín es la serie más vista en 2021. Que, a la salida de la pandemia, lo que más ha apasionado a muchos es verla. No se trata de una adaptación de la obra de Maurice Leblanc, sino de relatos supuestamente, salidos de la obra de éste y que tienen sus aventuras en el París más emblemático de la Torre Eiffel y del Museo de Louvre. Parece que nadie se enojó de que la serie no terminara en la primera temporada, sino que se proyectara a otra u otras. Para algo, se es fan. No importa que haya crítica que diga que el ingenio del que esta serie hace gala se convierte en algo artificial, inverosímil y sin legitimidad…

Assane, el nuevo Lupín, es un hombre negro que quiere vengarse del malvado Pellegrini un rico que traicionó y obligó al suicidio a su abuelo. Cuenta con la actuación notable de Omar Sy. El creador de la obra es George Kay. Hay quien clasifica al personaje como “un caballero ladrón que odia a los ricos” o “un simpático anarquista” lo suficientemente ingenioso para entretener artificialmente a quien se deje.

Este Lupín, aunque sepa pelear bien y desmayar con una llave o un golpe a los malos, no va armado. Sus armas son sus disfraces de tenor, de torero, de corredor de apuestas, así como sus juegos de manos y su capacidad para manipular psicológicamente, falsificar voces y adelantarse a los malos con jugadas bien hechas.

A pesar de la multiplicidad de las versiones sobre Lupín, con alcance internacional, yo no le veo una comparación aceptable ni con Robin Hood ni con Sherlock Holmes. A este Recomendador le sigue intrigando cómo es que una serie tan hueca haya multiplicado la aparición de tantos fans.