Los cuervos sacan los ojos

Por El Recomendador

NETFLIX presume “su primera producción” en español “filmada en México” y estrenada este mes: “Club de Cuervos”. Sus creadores dicen que es comedia y drama, a la vez. La escribieron Gary Alazraki y Michael Lam. La actúan Jonathan Levit, Andrés Montiel, Luis Gerardo Méndez, Sofía Sisniega, Mariana Treviño, Daniel Giménez Cacho, Estepahnie Cayo.

 

Desde el inicio, la serie pretende “retratar” la manera de ser y de hablar de los mexicanos. En ella predomina la subcultura de Televisa: Un ambiente repleto de futbol destinado a retrasados mentales profundos. Se trata de un relato del “patriarca” de una familia Iglesias que al fallecer deja dos hijos y medio. Él, como todos los machos mexicanos dejó tres mujeres. Deja una hija y un hijo, jóvenes y tarados, crápulas y con un lenguaje que ni los más tontos cultivarían a propósito: Se tratan de güey todo el tiempo. Su corrupción del lenguaje es deprimente tanto cuando los personajes están borrachos, que es casi todo el tiempo, como cuando están sobrios.  Sus diálogos muestran un altísimo grado de imbecilidad. Se les hace figurar como el prototipo de ricos de la élite más exitosa de “gente bien” de México. Luchan entre ellos por hacer triunfar un pequeño poder sobre un equipo de futbol denominado Los cuervos de Nuevo Toledo dirigido, a su vez, por abundantes retrasados mentales profundos. Poseen un estadio monumental que es tenido como “el alma” del pueblo futbolero.

Lo que NETFLIX pretende vendernos es una versión muy suya de cómo se debe ver a los mexicanos. La producción está dirigida a convencernos, con el mayor esmero posible, de que, en México, las mayorías hablan actúan y operan así. Que así somos realmente los mexicanos. Se trata, por lo mismo, de un insulto que esta compañía gringa nos hace al vernos y juzgarnos de esa manera. Si usted lector es masoquista, aquí tiene una serie perfecta para degradarse a sí mismo. Sin perjuicio de que habrá quienes esto les parecerá de “muy buena onda”.

En mi columna anterior di señales que conducen al precipicio del cine y de la TV basura. Acabo de recibir el correo del Ingeniero Raúl Paredes y Hernández, compañero y amigo desde que cursamos la primaria en 1944. Me agregó otras señales para reconocer la TV basura: “H.- Programas de videos musicales (especialmente los producidos en Monterrey a base de música «grupera» y animadoras de lo más corrientes); I.- Transmisiones de la «nueva» lucha libre;  J.- Programas de comentaristas de noticias y asuntos politizados con aviesas intenciones e incultura; K.-Programas para niños producidos en Miami y traducidos a un castellano con los que Cervantes pediría que lo volvieran a enterrar en dónde, no se le pudiera hallar nunca más; L.-Telenovelas «románticas» producidas en Miami o Venezuela con contenidos «porno» transmitidas en horario infantil.  Mi amigo y compañero se ganó con creces el libro que prometí. Ya le entregué dos.

 

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