Los Censores

Por Manuel Rodríguez

Cada gobierno tiene sus facetas ocultas, pero hoy más que nunca en México está resurgiendo la figura de los censores oficiales. La pauta regresiva de los actuales gobiernos mexicanos es contratar asesores que se dedican a silenciar voces disidentes. Los operadores de la censura se dedican a acallar o marginar, medios o periodistas que intentan erigirse como una voz independiente, atacando un principio fundamental de toda democracia funcional: la libertad de expresión.

 

De acuerdo a los estudios realizados por Federico Reyes Heroles en Transparencia Mexicana, el 80% de los medios de comunicación de éste país padecen algún tipo de censura. Por eso los analistas afirman que vivimos una regresión política. Pero lo que los censores no alcanzan a comprender, es que hay mexicanos que hacemos uso de nuestra conciencia cívica y que como ciudadanos participativos, plurales y críticos, tenemos la urgente necesidad de escuchar el mayor número de opiniones, sobre todo sí esas voces transmiten la voz de los marginados. 

El trabajo de los censores es que nadie se entere de la realidad, lo mismo censuran la corrupción de sus jefes, que reportes de disturbios, solapando así la represión y el abuso policíaco en la mayoría de los casos. Los censores se esfuerzan por reescribir los hechos, convirtiendo la historia oficial en una historia ficticia.

El caos social en el que nos encontramos, los lleva a querer convertir a los que dicen la verdad en depositarios del mal y enemigos del gobierno. Su incompetencia para gobernar y su falta de conocimiento de las buenas prácticas de toda democracia, implica que estén utilizando a los medios de comunicación, desde su óptica censora, como instrumentos para debilitar a proyectos políticos contrarios y convertir en enemigos de México a todo aquel que se manifieste en favor de un cambio social. 

Pero hoy gracias a las redes sociales, último reducto de la democracia, vivimos en la sombra de videograbaciones disruptivas que son «subidas» al internet, gracias a la conciencia vigílica de algunos ciudadanos, situación que es considerada como una amenaza latente para los que están en el poder. En la mayoría de los medios tradicionales, se desacredita como verídica cualquier información que circula en las redes, pero hoy el teléfono inteligente ha pasado a ser el principal medio de información de la minoría pudiente. 

En este país cerca del 60% de la población aún no tiene acceso a una computadora y por ende, no se entera de lo que circula en internet. Es la clase media de esta país, convertida por obra y virtud de nuestro sistema fiscal en el nuevo proletariado mexicano, la que ha dejado de utilizar los medios tradicionales cómo fuente de información y recurren a portales nuevos de dudosa reputación. Nuestra época censora, nos ha forzado a ser testigos de espantosos espectáculos antidemocráticos como el episodio Carmen Aristegui. En el mejor de los casos el censurado se mantiene con vida. Documentados están los cientos de asesinatos que se cometen contra periodistas. En la medida en que un medio se convierte realmente en fuente de información, la censura se torna más intensa. Cuando esto sucede la primer víctima somos nosotros, el pueblo.