Los carros chocolate

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“De la legalidad solo puede salir el supremo bien”, Platón

Previendo la entrada en vigor del TLC en la importación de autos usados, en 2005 se publicó un decreto que prohibía la importación de aquellos con más de 10 años de antigüedad, elevando el arancel al 10% de valor de mercado (no de factura), y eliminando la exención del IVA en la importación.

Este decreto se originó también por presiones de la industria de automóviles nuevos, que responsabilizaba a la de autos usados por su falta de crecimiento.

La medida acabó prácticamente con los lotes de autos usados en la frontera, abriendo al mismo tiempo la pauta para la importación ilegal y masiva de vehículos chatarra, conocidos coloquialmente como “carros chocolate”.

Los “chocolate” generan una competencia desleal debido a que no pagan importación, placas y tenencia, donde por su anonimato pueden ser usados para delinquir, y en el caso de un accidente vial, al no portar seguro y debido a su bajo costo, son abandonados dejando indefensas a las víctimas.

El número de carros chocolate se ha visto incrementado igualmente por falta de un transporte público digno, particularmente en Tijuana, donde cierto sector social prefiere tomar riesgos e “invertir” en un carro de este tipo, entendiendo que si bien corren el riesgo de que les sea decomisado, no lo pueden revender legalmente y las aseguradoras no les dan cobertura, es más económico que gastar la mitad de su sueldo y de su día usando un transporte público caro, ineficiente y malo.

Según datos de la FGE, existen cerca de un millón de estos vehículos en México, 800 mil en la frontera, y el 60% de los delitos que se cometen se hacen en ellos.

Paralelamente, han proliferado entidades que prometen a los usuarios, mediante una cuota “módica”, un engomado que hace las veces de “permiso” para circular

Finalmente, y en conjunto con las unidades de transporte público “piratas”, los “chocolate” son mayormente responsables del caos vial de la ciudad.

El tema de los carros chocolate tomó importancia nuevamente ante el reciente anuncio del presidente López Obrador de regularizar los mismos en la frontera.

Mencionó que es común un sector poblacional los utilice debido que tienen necesidad de transportarse y no tienen el poder adquisitivo para adquirir uno legal.

Aceptando el presidente tiene razón, el problema tiene varias aristas, donde la simple regularización de los existentes no es la solución.

Los carros chocolate son la consecuencia de la falta de transporte digno a precio accesible. Si no se soluciona este problema, van a seguir llegando y su total regularización será imposible de lograr.

Consecuentemente, más allá de oficializar la ilegalidad, se debe implementar el largamente propuesto SITT, incluyendo sus rutas troncales, motivando a la población a no necesitar este tipo de transporte, regularizando al mismo tiempo el transporte público “pirata”.

La federación debe al mismo tiempo reabrir la posibilidad de importar vehículos usados en buenas condiciones a precios accesibles.

Finalmente, la argumentación de que al regularizar los “chocolate” disminuirá la delincuencia es falso. Contrariamente, lo que pasará es que se incrementará el robo de vehículos, ya sea para delinquir o por el simple hecho que actualmente un carro chocolate robado no puede ser denunciado debido a la falta de documentos que amparen su propiedad.

Los carros chocolate son el resultado de un problema social, no delincuencial, y así deben ser abordados.

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