
Redacción/Infobaja
Guadalajara.- La menopausia implica mucho más que cambios hormonales, bochornos y el final de la etapa reproductiva. La disminución de los estrógenos también puede modificar la manera en que el organismo utiliza y almacena la energía, así como la distribución de la grasa y el manejo de la glucosa y los lípidos.
Estos cambios pueden contribuir a un mayor riesgo de alteraciones metabólicas como prediabetes, colesterol elevado, hígado graso y enfermedades cardiovasculares. Un estudio internacional con más de 40 mil mujeres de 18 países encontró que quienes tuvieron una menopausia natural antes de los 50 años presentaron un 32 por ciento más de riesgo de desarrollar enfermedad hepática por grasa asociada a problemas metabólicos durante los cinco años siguientes.
Ante este escenario, la investigación busca comprender mejor el papel de los estrógenos en la protección metabólica y determinar si algunos de sus efectos podrían recuperarse de manera selectiva.
Uno de los mecanismos estudiados involucra los receptores de estrógeno ERα y ERβ. Aunque ERα ha recibido gran parte de la atención científica, investigaciones recientes han señalado que ERβ también podría participar en la regulación del metabolismo, particularmente cuando disminuye la producción de hormonas ováricas.
Investigadoras del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo, encabezadas por Débora Santos Rocha, analizaron este mecanismo mediante DPN, una molécula experimental que activa de manera selectiva el receptor ERβ.
En ratas que habían perdido la función ovárica, la activación de este receptor produjo cambios favorables en distintos indicadores metabólicos, entre ellos glucosa, colesterol, triglicéridos y otras grasas presentes en la sangre. En el hígado, los resultados sugirieron que el efecto no consistía únicamente en reducir la grasa acumulada, sino en modificar la forma en que el órgano la procesaba y utilizaba.
La investigación sobre ERβ también ha mostrado resultados experimentales en otros órganos. Estudios en modelos animales han observado posibles efectos relacionados con mecanismos de reparación en el riñón y con procesos asociados con la memoria, las mitocondrias y alteraciones vinculadas con el Alzheimer en el cerebro.
Sin embargo, estos hallazgos todavía se encuentran en una etapa experimental. DPN no es un medicamento aprobado y los resultados obtenidos en animales no permiten establecer que pueda utilizarse como tratamiento en personas.
La terapia hormonal puede ser una alternativa para algunas mujeres durante la menopausia, aunque no todas son candidatas. Por ello, la ciencia estudia estrategias más específicas que permitan actuar sobre determinados mecanismos sin reproducir necesariamente todos los efectos de los estrógenos en el organismo.
En este campo cobra relevancia la llamada farmacología metabólica de precisión, que busca identificar diferencias individuales en los cambios metabólicos y determinar qué intervenciones podrían ser más adecuadas para cada paciente. Herramientas como la lipidómica y la metabolómica permiten analizar con mayor detalle las grasas y otras sustancias que intervienen en estos procesos.
La menopausia no es una enfermedad, sino una etapa natural de la vida. No obstante, sus cambios fisiológicos pueden modificar distintos procesos del organismo y, en algunas mujeres, incrementar determinados riesgos para la salud.
Los estudios sobre ERβ representan una línea de investigación que busca determinar cuáles efectos de los estrógenos podrían aprovecharse de manera selectiva y segura. Aunque todavía se requieren investigaciones clínicas para conocer su posible aplicación en personas, estos trabajos contribuyen a una comprensión más amplia de los cambios metabólicos relacionados con la menopausia.






































