Los cacicazgos

Por Manuel Rodríguez Monárrez

La democracia mexicana es un edificio con fallas estructurales cargado de 128 millones de personas en medio de un terremoto de gran magnitud pronosticado para el 1º de julio. Y los caciques que se sienten dueños de los distintos pisos del edificio están más preocupados por construir los andamios para repintar la fachada que por demoler lo que está mal hecho y reconstruirlo de sus cimientos.

Y es que escalando en ese andamiaje nos damos cuenta que a veces ni la oposición que se encuentra en los primeros niveles quiere cambiar sus privilegios por el pico y la pala que se necesitan para la reconstrucción. Siempre ha habido una clase dominante, los analistas las definen en varias formas, como camarillas, clanes o élites de poder. En ningún escenario político se ve tan claro la lucha del poder actualmente entre las elites políticas locales como entre la carrera a los cargos de senadores. Y aunque muchos cuestionarían que les llame élites a los principales actores, lo cierto es que su fuerza y operación radican en función del partido político que controlan.

Lamentablemente en nuestro país se ha sacralizado la figura de los senadores, porque a pesar de sus bajo rendimiento laboral e ineficiencia para traer beneficios a la entidad ante las decisiones centralistas, como sociedad se les ha dejado de exigir que rindan cuentas puntuales de sus resultados. De noche pasaron para muchos los seis años de los actuales senadores que dicen haber representado los intereses de los bajacalifornianos durante el sexenio peñanietista.

Salvo honrosas excepciones, hoy en día los senadores mexicanos tienen más poder que el que detentaban los lores ingleses, ya que han logrado mezclar los intereses mercantiles latifundistas con los intereses políticos que esconden debajo de la fachada democrática que dicen representar. Senadores que como empresarios constructores se benefician de información privilegiada para acrecentar su poderío a lo largo y ancho del país, e incluso más allá de nuestras fronteras. Senadores cuyo único sueño es poder comprarse una casa en California, para poder autoexiliarse terminando su encargo, algunos otros, prefieren comprarse un departamento en Miami, porque la casa de California ya la tienen desde hace muchos años.

El caso, es que muchos de los actuales postulados al cargo de Senador por Baja California, en su mayoría reflejan ese vacío institucional de los partidos de formar cuadros, y ese nulo interés de la ciudadanía por exigirles que no vengan a proteger cacicazgos, o en su defecto a “chapulinear” con fines aristocráticos. Y es que es obvio que firme sigue la alianza entre el príismo de Hank y el panismo de Kiko que pone contra las cuerdas, al otro clan de Ramos y deja en estado de suspenso a los morenistas encabazados por Bonilla para ver si les va a alcanzar ante ésta ardua competencia, ya que su única carta es el efecto de arrastre del voto de Obrador.

Por ello, no descartaría nuevas alianzas de conveniencia antisistémicas. En este laboratorio ideal se puede ver como la política de Baja California se ha desdibujado de toda ideología partidista y se ha convertido en un “Frankenstein” de cacicazgos. Tal parecería que la ecuación que por tantos años le aplicó Castro Trenti al príismo bajacaliforniano de la mano de muchos gobernadores panistas se invirtió, y ahora opera en sentido contrario. La pregunta es, ¿cómo le van a hacer uno y otros grupos para triunfar limpiamente? Parece que la guerra por los escaños en el senado será épica en este 2018. Desde la época en que el regicida clasemediero Oliver Cromwell se hizo del poder en Inglaterra se dedicó a combatir, brutalmente hay que decirlo, el poder que la monarquía tenía a su servicio a través de la cámara de lores, que no eran más que un grupo de aristócratas que avalaban todo lo que el rey deseaba, nada ha cambiado desde entonces. Pero no este caso no son reyes, sino caciques.