Lobos de Wall Street y anexos

Por El Recomendador

Un autor recurre al pseudónimo cuando quiere que el lector se fije más en lo que dice, y no en la persona que lo dice. Como hoy denunciaré hechos que resultan más peligrosos en la realidad que los malos argumentos y los personajes más excéntricos y absurdos que figuran en los argumentos de cine o TV., voy a tener que dar mi nombre. El Recomendador se devela, sólo por una vez: soy el Licenciado Javier Prieto Aceves, viejo abogado, profesor y escritor, por más señas.

Me responsabilizo plenamente de lo que voy a denunciar. Ya hice una reseña acremente adversa al bodrio que es la película El Lobo de Wall Street: un degenerado vicioso de toda clase de drogas se especializa en manipular y explotar y traicionar a la gente. Cuenta, para ello, con una nube de “agentes” dicharacheros y estafadores que están a la competencia y centran su saña en los pequeños ahorradores. Quieren que jueguen en la Bolsa. Y como sabemos todos los que hemos apostado alguna vez (y todos podemos caer en ese mal), siempre nos ha ido del cocol, como se decía hace cien años.

Curioseando el internet, di con una página que induce a invertir en e coins o cripto monedas y con ese motivo recordé al lobo traidor, estafador y drogodependiente de la película des recomendada.  Frente a la idea de que era algo muy noble y legítimo invertir en empresas nuevas porque si triunfaban, habría ganancias jugosas y legítimas, con lo primero que me encontré, es con un montón de agentes con acento uruguayo, que lo primero que hacen es tutear al novato para dorarle la píldora. Si les dices que no quieres más que probar, te dicen que eres muy poca cosa, que no tienes ambiciones que no vales la pena, que el mundo es sólo para los audaces. Que no hay “triunfadores” que no sean valientes, que, por favor, no los decepciones, que juegues con valor y con confianza. Que te hagas digno de tus propias ilusiones.

De nada vale que uno explique que quiere probar con una porción mínima de sus ahorros y que se niega a jugarse un bolado con el absurdo. Entonces te contestan que tengas confianza en ellos que te aconsejarán muy bien e irán, poco a poquito. Luego invocarán el patriotismo, ¿por qué no apoyas el nuevo gobierno de tu Patria invirtiendo en el peso? Ya que te conocen, turnan el teléfono a alguno que como a ti le gusten los conciertos con algo “que acaba de oír”. Luego te pasan un fulano porque es tu paisano. De repente te presentan oportunidades únicas y te dicen ¡juégatela!

Es bien sabido que en las apuestas sólo ganan las agencias de estos lobos de Wall Street, que compiten entre ellos para colocar el dinero a su propia conveniencia. Son iguales a los dueños de los casinos, de los hipódromos y de todo tipo de empresas de apuesta que, en mala hora, multiplicaron los malos gobiernos por todos los rumbos de México: Son los únicos que ganan, mientras se extiende la dependencia del juego (ludopatía) entre muchos ingenuos que se meten a apostar en esos tugurios.