Lo que desde el derecho natural corresponde a las mujeres

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en el estado de Baja California cerca del 50% de la población femenina es económicamente activa. De ahí, dos terceras partes están dedicadas a actividades de comercio o servicios.

Estos datos toman aún más relevancia cuando las cifras indican que poco menos de dos millones de habitantes de esta entidad son mujeres, las cuales representan a su vez la mitad de la población en general.

Pero en medio esta estadística, uno de los datos más alarmantes es que tan sólo un 45% de las mujeres empleadas cuenta con acceso a servicios de salud, cuando todas ellas deberían contar con esta prestación que les pertenece por ley.

Otro hecho es también que en los diferentes sectores la presencia de mujeres es cada vez mayor. Lo podemos apreciar en las distintas actividades económicas.

Como ejemplo podemos mencionar que, en sector industrial, salvo contadas excepciones, la colaboración femenina ronda entre el 75% y 80%. Basta con sólo observar la hora de entrada o salida en una planta de manufactura para confirmar los datos anteriores.

Pero no podemos dejar de lado que otro hecho es también que la participación femenina es principalmente en puestos básicos como lo son en el ensamble o funciones en las que la toma de decisiones es limitada por no decir nula. Conforme la escalera organizacional va avanzando, la presencia femenina se va reduciendo al grado tal que en varios grupos de liderazgo están totalmente conformados solamente por hombres.

En otras palabras y de una manera cruda, pero se puede decir que tristemente las mujeres siguen haciendo, pero no decidiendo.

Bajo esta óptica, se puede llegar a la conclusión de esto es resultado de una escasez de talento femenino lo suficientemente preparado para ocupar puestos de liderazgo o un acaparamiento masculino de dichas oportunidades que no quiere ceder espacio aun hoy en día.

Suponiendo sin conceder que fuera que, aún no hay una cantidad suficiente de mujeres preparadas para estar en puestos directivos, entonces esto puede ser resultado tanto de la sociedad desde las propias familias educando a los hijos e hijas con la idea de que ciertas actividades son exclusivas para unos o para otras.

Así una niña que aspira a ser ingeniero automotriz no puede jugar con carritos, ni un niño que sueña con convertirse en chef no puede jugar a “las comiditas”. Es responsabilidad del sector educativo por no promover mayor presencia de mujeres en grados académicos ingenieriles. Y de los sectores productivos por contar de manera irrefutable con programas que aceleren la formación de mujeres para que puedan estar listas para cuando la oportunidad surja y que esto no siga siendo una excusa.

En el indiscutiblemente confirmado caso de una renuencia masculina a integrar mujeres en equipos de liderazgo, es necesario que las mismas empresas fuercen a través de políticas internas a determinar como meta un porcentaje de mujeres en puestos directivos o tal vez tenga que ser obligatorio desde la misma ley laboral.

De una manera u otra, pero debemos incluir a más mujeres en las organizaciones, pero no sólo para hacer, sino para decidir también. Ya que, de seguir en las mismas, no debemos asombrarnos que en cada Día de la Mujer se sigan organizando marchas para exigir de la forma que sea lo que desde el derecho natural les corresponde y se los hemos negado por siglos.