Lo pudo haber sido

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Vaya encuentro el que ofrecieron tanto Real Madrid como Liverpool el pasado sábado en lo que fue la final tan anticipada de la Champions League. Y es que a pesar de que el balón había dejado de rodar dentro de las diversas ligas del mundo el futbol tenía un espectáculo más que brindar antes de que su enfoque se volcara totalmente hacia el inminente inicio de la Copa del Mundo en Rusia.

Es cierto que tanto españoles como ingleses contaron con un representante directo dentro de la final del torneo más importante a nivel de clubes, pero sin duda el mundo entero estaba expectante de ver un choque entre dos de los conjuntos más explosivos del continente europeo. Ya sea a favor de un Real Madrid en su búsqueda de convertirse en un equipo ‘de época’ al lograr su tercer campeonato continental de manera consecutiva o a favor de un Liverpool renovado e intentando escribir un nuevo capítulo dentro de su historia llena de gloria, la afición se encontraba dividida y sin un aparente favorito en cuando a la opinión general del público.

Por tercer año consecutivo resurgía el famoso ‘antimadridismo’ en la antesala de otra proeza Merengue, encabezado por la creciente afición del Barcelona, denotando cierta impotencia al verse de nuevo sin una oportunidad de levantar la cotizada Orejona y tener que ‘conformarse’ con otro título de liga.

A su vez, la afición del equipo capitalino se encontraba con los ánimos por los cielos y conscientes que su equipo estaba a tan solo 90 minutos de levantarse por encima de todos los conjuntos de Europa como el único tricampeón de Champions League.

Mientras tanto, del otro lado de la cancha y como última esperanza de detener al titán español se encontraba un cuadro de Liverpool que venía de menos a más y, bajo el mando de una joven estrella del nombre de Mohamed Salah, hacían dudar hasta al aficionado más fiel a la causa Merengue si ganar era tan sencillo. Después de todo se trataba de un Liverpool que para llegar a la gran final tuvo que golear al actual campeón de su propia liga y eliminar al sorprendente equipo de Roma, mismo que se encargó de eliminar al siempre favorito conjunto de Barcelona.

El cuadro inglés llegaba a la final en Kiev presumiendo al tridente ofensivo más goleador del continente europeo, lo cual sin duda llegó a preocupar al cuadro dirigido por Zidane las semanas previas al partido. Sería un duelo inédito entre una delantera liderada por un astro consagrado como Cristiano Ronaldo ante la ofensiva comandada por la promesa Salah. Sonaba como una final demasiado buena para ser verdad, y vaya que lo pudo haber sido.

Es cierto que fue un partido intenso y lleno de emociones, pero el encuentro quedó a deber para lo que pudo haber sido una de las mejores finales en la historia de la competencia. El duelo entre Ronaldo y Salah nunca se dio, ya que el delantero portugués nunca apareció y el ariete egipcio tuvo que abandonar el encuentro a los 30’ por lesión. Además, el arquero del cuadro inglés regaló dos goles de manera increíble, manchando lo que pudo haber sido una final más pareja. Solo un gol mágico de Gareth Bale brilló en lo que fue una final deslucida.