Lo bueno y lo malo

Por José Cervantes Govea

jocegovea@yahoo.com

Lo bueno… ¡A Dios rogando! Como mortales creyentes en Dios debemos  reconocer nuestra temporalidad y saber que la vida terrenal es un parpadeo y el umbral de la vida eterna, de una vida mejor donde no existe  el dolor, la tristeza ni la maldad. Al final de cada día que Dios nos permite  vivir, cuando nos acostamos y conciliamos el sueño, no sabemos si despertaremos  el día siguiente. Durante la vigilia, dependiendo de las actividades y ocupaciones  que tenemos, por el trajín de la modernidad, la tecnología y las debilidades humanas estamos expuestos a muchos peligros. Por eso es necesario acatar y vivir bajo  los mandamientos, y practicar las virtudes y las obras de misericordia corporales y  espirituales. Por otro lado más terrenal, es imperativo conocer y respetar las leyes,  las reglas y las normas inherentes al orden establecido para armonizar la vida social,  sin desvincular lo espiritual de lo material y viceversa. Bajo estas premisas, con inteligencia, razón y voluntad podremos vivir, los días que el creador nos permita, en  hermandad y concordia. Conocer y ejercer nuestros derechos y obligaciones es tan  importante como reconocer y respetar los derechos de nuestros semejantes. Nunca  antes los derechos naturales, civiles, laborales y políticos de los humanos cobraron  tanto auge como ahora. Las naciones luchan y mueren exigiendo a sus gobiernos  libertad, educación, salud, trabajo y sustento. Nuestra parte buena y amable debe  manifestarse clara y transparente, desprovista de celos, ambiciones y egoísmo, para  compartir equitativa y proporcionalmente tanto la abundancia como las carencias y,  desde luego, combatir el mal. Esto lo podremos lograr si tenemos presente y practicamos las virtudes cardinales, particularmente la templanza que nos ayuda a moderar nuestros ánimos, pasiones y placeres de los sentidos. Reconocer, atemperar y  erradicar nuestros malos hábitos. Abstenernos, desapegarnos y contenernos ante  las tentaciones de poseer bienes materiales sin límites y ser frugales en la ingesta de  alimentos. Con sentido humano y alto grado de responsabilidad debemos aceptar  la diversidad para unir fuerzas y combinar conocimientos para mejorar nuestros  lo Bueno y lo malo usos políticos, económicos y sociales. Empecemos  por participar responsable y libremente en los asuntos de orden público. Continuemos promoviendo  con familiares, amigos y conocidos la participación  ciudadana. Sigamos con el respeto a los resultados  electorales para dignificar la política. Prosigamos con  respetar las instituciones gubernamentales y fortalecer  los poderes públicos. Apliquemos los principios universales relativos a nuestros derechos como la salud  y la vida, la educación, el trabajo, alimento, vestido y  vivienda dignos. 

Lo malo… ¡Con el mazo dando! Debemos  aceptar y reconocer nuestros defectos y tener  disposición para corregirlos para combatir y abatir  el mal que nos infligimos unos a otros y sancionar  legalmente y con sentido humano a quienes incurran  en actos y hechos ilícitos. Aplicar y administrar la  justicia sin distingos. Actuar con firmeza y energía  sin soslayo, lenidad, simulación ni complicidad para  combatir la impunidad. Las vertientes de las leyes  más despreciadas son la de las obligaciones y la de las  sanciones. Particularmente la de las sanciones, por  costumbre y condición humana, tiende a ser evadida  por quienes incurren en ilícitos. Esta tendencia se  acentúa en quienes forman parte del gobierno.  Debemos denunciar, combatir y exigir sanciones a  los excesos y abusos de comerciantes y prestadores  de servicios que atentan contra la economía popular,  incluyendo a las dependencias gubernamentales.  Debemos regular las actividades económicas para  equilibrar de manera equitativa y proporcional el  ingreso y la distribución del producto interno bruto.  Debemos regular las utilidades, particularmente  del comercio y especialmente de los servicios  financieros, para fortalecer el poder adquisitivo de  nuestra moneda y el consumo interno. Debemos  iniciar la reforma administrativa gubernamental para  organizar y planear el presupuesto del gasto público  y las finanzas nacionales con base cero. Debemos  cuidar, vigilar y optimizar el uso de los recursos  “Las Leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos”.  Marco Tulio Cicerón ( 106-43 a.C.) humanos, técnicos, financieros y materiales, particularmente la  plantilla de personal, de carácter público. Debemos poner un alto  a la escalada de los salarios y prestaciones de la burocracia hasta  no mejorar las de los trabajadores de los sectores productivos.  Todo esto parece malo para algunos, pero es bueno para todos,  incluyendo a los que hacen el mal y son sancionados… ¡Dura Lex,  sed Lex.

 *José Cervantes Govea radica en Tijuana, es Contador Público egresado  de la UABC y Abogado egresado de Univer Tijuana.