Libertad

Por Manuel Alejandro Flores

¿Se imagina usted, que en lugar de un Calimax, hubiera una bodega del Estado Mexicano en donde tuviera que ir alguien de su familia a recoger la ración de alimentos que le corresponde para una quincena?, ¿o se imagina que, toda vez que su Estado invierte fuerte en su educación, su panorama económico, a pesar de ser médico, abogado o ingeniero, no cambie en absoluto?, ¿que su esfuerzo no se vea reflejado en resultados específicos para usted o su familia?, ¿que nos corten a todos con la misma tijera?, ¿que su gobierno pregone igualdad o comunismo para todos, pero que los gobernantes vivan como burgueses encumbrados?, ¿que no tenga usted derecho a un pedazo de tierra o a un carro o una casita porque su Estado se considera el dueño de todo?

Esto es Cuba, por más de 60 años, este es el régimen que premia a los extranjeros que disfrutan de sus paradisíacas playas y castiga a sus pobladores con el comunismo. Esta es la Cuba que abre sus mercados y logra desbloqueos comerciales parciales y controla el Internet y la accesibilidad en la Isla. La Cuba de los Castro que forma, según dicen, excelentes médicos pero que no logra que su gente prospere, innove o, como decimos acá en México: “salga adelante”. La Cuba que tiene buenos resultados en los juegos olímpicos y de la que, en la primera oportunidad, se escapan sus deportistas para buscar un lugar, un país, en donde sí sean reconocidos por sus méritos. La Cuba de los balseros llegando a Miami, la de los mojitos, la de la rumba y el ron, la de la fiesta eterna que hoy clama Libertad.

La Libertad parece un valor entendido entre quienes vivimos en la parte occidental del mundo. Su principal antecedente es la aparición del cristianismo que, entre sus principales preceptos considera que somos hijos de Dios y por tanto participamos de su dignidad cómo seres racionales y libres, rechazando así la esclavitud como institución y, en su momento, a los regímenes totalitarios, como el socialismo o comunismo. Uno de los más grandes combatientes de esta ideología fue, sin duda, Juan Pablo II, el Papa polaco que trabajó fuerte por incrementar la libertad en el mundo, especialmente en Europa, que se veía invadida por la sombra del comunismo.

Un Estado debe trabajar por incrementar la libertad de su gente, no por reprimirla. En la medida en que tengamos Estados menos reguladores de nuestra conducta, movilidad o patrimonio, se incrementa nuestro potencial, dada nuestra naturaleza libre. El Estado debe preocuparse, principalmente, por brindarnos seguridad, acceso a una educación de calidad y servicios de salud de buen nivel. En ambientes seguros, con gente educada y saludable, se dan: la innovación, la creación de nuevos negocios, el desarrollo de productos o servicios que resuelven necesidades de la gente, el arte en todas sus expresiones, el deporte como catalizador social, el consumo responsable, entre muchas otras cosas.

Está claro que el Estado cubano socava la libertad de su gente y por tanto su potencial está disminuido. En México gozamos de muchas libertades, aún hay restricciones que aparecen so pretexto de la enorme inseguridad que priva en nuestro país. Sin embargo, una parte de México sale todos los días a crear, innovar, avanzar y desarrollar de todo tipo de productos, servicios u otras actividades de valor. Seguimos teniendo como país una deuda histórica con los más necesitados. En buena medida, en nuestro país, la libertad se incrementa conforme se incrementa el poder adquisitivo.

No debería ser así. El acceso a una buena educación o a servicios de salud excelentes, vivir en una colonia segura y con todos los servicios básicos, debe ser la primacía de nuestros gobiernos para que la libertad se pueda vivir en todos los ambientes. Debemos estrechar la brecha entre pobres y ricos: no haciendo más pobre al rico para que se acerque a un esquema de pobreza, sino logrando sacar a más personas en pobreza de su situación marginal.

Si no encontramos una ruta para hacer esto, seguirá apareciendo el fantasma que recorrió a Europa desde finales del siglo XVIII cuando Marx acuñó el manifiesto comunista, siempre habrá quien encone a la sociedad con narrativas populistas, que señalen soluciones sencillas a problemas complejos, que encuentren su oportunidad, en el enojo social y no en su desarrollo. La ruta se llama: Economía Solidaria.