Les escribo para evitarme

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Nuestras carencias e inseguridades pueden lastimar a los ajenos y a los propios, pintarles de lamento el rostro y plantar semillas de duda en ellos, en algunas ocasiones por accidente y otras con toda la planeación y ventaja; uno sólo convida de lo que come.

Atar de más, prevenir de más, intentar de más y otras infinidades de acciones que muestran la falta de confianza por nuestra propia persona, el alcance y lo que aportamos al mundo y a la vida y exageramos, sobrecompensamos, desequilibramos la balanza casi al borde de caer. Y es que la carencia de un valor esencial, natural y propio por uno mismo hace buscar personas con las mismas necesidades, que andén en el mismo nivel bajo el agua para a su vez poder tener un lenguaje, descripción y un mundo en común, una tierra compartida, dejar la comparación y entrar en la comodidad y tal vez algo de confianza.

Eso que creemos que nos falta nunca lo encontraremos en alguien más, no se trata de quitar para tener, se trata de ser más por la elevación del estima que va desde el centro de nuestro ser hacia afuera, adquirir una comprensión de lo que somos y no somos, practicar para dejar el tartamudeo del alma y sentir que navegamos, andamos con todo lo que conocemos e ignoramos pero conscientes de los pasos que vamos dando.

La perfección es para las ideas no para los humanos, no, nosotros somos algo más divino, no uniforme que se pretende definir. Silenciar las voces que cuestionan lo que el corazón tiene por seguro, ser compasivo con los errores y tropiezos, somos niños comparados con la tierra y el universo.

Sonreír porque ocurren cosas dentro de esa curvatura como reacción en cadena, como efecto secundario. Dejar de ver a los otros como competencia que cada uno aporta algo diferente al ahora, al espejo, en el punto descendiente de tu apellido y las puntas de tus dedos. Que se guarde el insulto y la navaja en los almacenes de la boca, es mejor amargar el bocado que lastimar al otro y tal vez a lo amado.

Nunca dos, siempre uno, uno es la respuesta de todo y el comienzo de un tango que de momento recuerdo.