Le Chalet

Por El Recomendador

Esta serie de la TV francesa distribuida por Netflix relata una buena historia. ¿Qué es lo que hace que una familia entera o un grupo humano llegue a ver como irremediable cometer asesinatos en serie? ¿Hasta dónde son capaces las personas de llegar, una vez que han sido tocadas por la avaricia y por el miedo a tener que afrontar las consecuencias de sus actos?

El estreno en Francia fue el año pasado. Los actores están encabezados por Cloé Lambert, Phillippe Dusseau y Emilie de Preissac. El guion es de Camille Bordes-Resnais y de Alexis Lecaye. El relato de intriga y terror tiene alta audiencia mundial y gira alrededor de una reunión de jóvenes amigos en un remoto chalé en los Alpes franceses. El nudo del relato lo constituye un desesperado intento de sobrevivir a unos asesinatos sucesivos de varios de los personajes, mientras están aislados en la sierra, por la caída del único puente que comunicaba a un pequeño grupo de casas con el pueblo más cercano.

El relato comienza con la comparecencia de un peculiar personaje que es clave en todo lo que ocurre, que se ve interrogado minuciosamente por una famosa siquiatra forense que acaba por dar su versión de los crímenes, aunque detrás de su planteamiento se muestra la historia verdadera de lo ocurrido.

El conflicto que plantea esta serie es el de si la justicia, como la ven dos niños que sufrieron el asesinato de sus padres y huyeron para salvarse ellos mismos, puede confundirse o no con la venganza. Si la venganza es o no una manera de operar de la justicia cuando no se ve ninguna otra manera de poder hacer pagar por su crimen a los cueles asesinos de muchas personas inocentes de la aldea.

A diferencia de lo que exigían algunas normas antiguas que censuraban en EE. UU., los argumentos, obligando a sus autores y directores a que los filmes incluyeran, después de la comisión de crímenes, un final distinto a la impunidad: o sea, que mostraran o siquiera insinuaran el debido castigo para los criminales.

Hoy es común, tanto el humor negro, con esos finales, sin castigo, hoy muy aceptados y frecuentes, en los que vemos un desenlace con impunidad para los criminales. Y esta lograda impunidad no se da siempre por cinismo moral, sino por la imposibilidad de poder juzgar y probar con objetividad los crímenes cometidos.

Hemos destacado en esta columna como en este nuevo siglo, hay tendencias postmodernistas que cuestionan toda solución moral. La creciente actitud relativista no solamente cuestiona las tendencias prevalecientes -lo cual puede ser bueno, en  principio- sino que niega toda posibilidad de dar con el conocimiento objetivo del bien y del mal, de lo verdadero y de lo falso y hasta de lo hermoso y lo feo. La serie recomendada da mucho que reflexionar sobre estas cuestiones que debieran abordarse, de algún modo, en todos los diálogos si lo que se quiere lograr es la genuina educación -formal, en las escuelas y universidades;  y también la informal, que aquí hemos propuesto que deba darse al final de lo que leemos y, también de lo que consumimos como nuestros entretenimientos favoritos.