Las triadas de la comunicación

Por Diego Partida

En la columna anterior hablamos acerca de la importancia de adaptar las estrategias comunicacionales al ritmo cuasi natural al que estamos acostumbrados a recibir información: las historias. Una estrategia exitosa de manera casi constante cuenta con tres tiempos: inicio o presentación, desarrollo o propuesta y desenlace o llamado a la acción.

Desde tiempos milenarios podemos encontrar una constante en las diferentes místicas, técnicas y hasta teorías científicas: las triadas; por citar algunos ejemplos: la trinidad católica, las trilogías de cine y novelísticas, y la unión mente, cuerpo y alma. Solo es cuestión de buscar patrones y lo más probable es encontrar la constante en el número tres.

El equilibrio del humano, según algunas tradiciones, radica en la armonía entre lo físico, lo espiritual y lo intelectual, y esto no es excepción cuando se habla acerca de comunicación. Lo primero es aquello tangible, lo que se puede percibir a simple vista; lo segundo es lo emocional, es decir, aquel sentimiento que se procura cuando alguien comunica algo; y lo tercero es lo lógico, es decir, los datos, las cifras y los hechos.

Para asegurar una comunicación efectiva habrá que, irremediablemente, apelar a los tres elementos anteriores de manera casi simultánea.

El objetivo de la parte “física” de la comunicación es atraer la atención del receptor a través del sonido, de la edición o del diseño gráfico; cuando se habla de texto entonces se busca un encabezado impactante o, como dicta la teoría de la redacción, “la primera frase [de un texto] tiene como único objetivo que el lector lea la segunda”.

Una vez conseguida la atención del receptor, habrá que apelar con la misma importancia, y al mismo tiempo, a ambos hemisferios del cerebro; por una parte, atender las necesidades lógicas, es decir proveer datos, números o axiomas consecuenciales a fin de lograr una reacción y un estado de alerta. A su vez, la presentación de esta serie de hechos se hará en los términos que el público objetivo lo requiera, ya sea en forma de consecuencias y afectaciones positivas o negativas a su vida diaria, o apelando a la empatía por terceros o hacia grupos de identidad.

Cualquier publicación que se pretenda llamar exitosa atenderá de esta manera los tres elementos antes mencionados para obtener lo que para los que se dedican a la comunicación estratégica valoran más: la acción.

Siguiendo esta metodología se logra que el receptor haya encontrado una justificación integral para dar seguimiento a un llamado a la acción, ya sea la participación en un proceso, la divulgación de un mensaje o la internalización consciente de una idea o postulado.

Pero nada de esto es útil si no se atiende un elemento importante: la sedimentación… de eso hablaremos en la próxima edición.