Las más plantadas

Por Dionisio del Valle

Vivimos en un planeta que no se está quieto, una maravillosa esfera que gira en un tiovivo flotante cuya energía parece no tener fin, un carrusel en el que convivimos miles de millones de seres vivos, todos dependientes unos de otros directa o indirectamente. Encuentro feliz, sin lugar a dudas, es el de los seres humanos con esa planta a la que bautizamos con el nombre de vid.

La conversión de los azúcares naturales de sus frutos en alcohol, por efecto de la acción de las levaduras y un poquito de ayuda humana dan como resultado la posibilidad de obtener el vino que nos acompaña y alegra cada vez que descorchamos una botella.

La especie que nos ofrece las uvas más adecuadas para la producción de vino se llama Vitis Vinifera. Se trata de una madre muy prolífica, con alrededor de 10 mil hijas a las que llamamos variedades. Muchos ampelógrafos, que son los especialistas que se encargan de la clasificación de las distintas variedades de uvas con las que es posible elaborar vino, nos dicen que son mucho menos ya que una misma variedad puede tener uno o varios sinónimos, dependiendo el lugar donde se cultive. También es cierto que todos los seres vivos vamos mutando de acuerdo a las condiciones de nuestro entorno y la vid no es ajena a este fenómeno y de esta manera es que los científicos van identificando nuevas variedades, que pueden ser el resultado de esos cambios a los que nos obliga la Madre Naturaleza.

Lo que no deja de ser impresionante es que con solo 33 de esas miles de variedades están plantados la mitad de los viñedos del mundo. De estas, la Organización Mundial de la Viña y la Vid nos comparte una lista de las 13 variedades más plantadas en el mundo. Recordemos que son 7 millones y medio de hectáreas las plantadas con vid a lo largo y ancho de nuestra Tierra y que tres son los países que suman casi la mitad del viñedo mundial: España (1.2 millones de hectáreas), Francia (850 mil) e Italia (820 mil).

La uva que ocupa mayor superficie se llama Kyohó. Es de origen japonés aunque el lugar en el que se ha vuelto más popular es China. Con esta uva blanca se elabora un vino dulce, muy sencillo, para postre y de baja graduación alcohólica (365,000 hectáreas).

Le sigue la más viajera de todas, la Cabernet Sauvignon, presente en prácticamente todo lugar donde se produzca vino, salvo aquellos lugares en los que las Denominaciones de Origen no permiten su presencia (340,000 hectáreas).

Viene luego la Sultanine, una uva blanca con la que se produce vino, uva de mesa y pasas. Se le conoce también como la insípida dulce porque no tiene mucha fuerza, ni en el aroma ni en el sabor, sin embargo su versatilidad y poder de adaptación la hace atractiva para quienes la usan como complemento o, a veces elaborando vinos que solo serán bautizados como “vino blanco”. En Estados Unido le llaman Thompson seedless y es la uva blanca más plantadas en California (300 mil hectáreas).

La siguiente es la Merlot, de origen francés, específicamente Burdeos. Con ella se producen algunos de los vinos más reconocidos del mundo. Es preponderante en Saint-Émilion, por ejemplo. También se acomodó bien en América del Norte (México y Estados Unidos) y en Chile (266,000 hectáreas).

La quinta es la Tempranillo, la reina de la Rioja y la Ribera del Duero, donde se le conoce como Tinta del País (231,000 hectáreas).

Otra española ocupa el sexto lugar, se llama Airen. La uva blanca más plantada en su país de origen, básicamente en las D.O. Valdepeñas y La Mancha en Castilla-La Mancha y en la Comunidad Valenciana. Con ella se producen vinos sencillos y muchas veces como mezcla (218,000 hectáreas).

Le sigue la Chardonnay, francesa, la más popular de las uvas blancas, famosa por los grandes vinos que con ella se producen en Borgoña. Muy bien adaptada en América del Norte, Australia y Suramérica, por mencionar algunas regiones (211,000 hectáreas).

La octava es la Syrah, la uva emblemática de los vinos del Valle del Ródano. En México se ha adaptado muy bien y en general en el llamado Nuevo Mundo se ha convertido en una variedad muy demandada (190,000 hectáreas).

La novena es la Garnacha (o Grenache, si se le quiere nombrar en francés). Española de nacimiento y cada vez mejor entendida fuera de su zona natural. Muy versátil. Con ella se producen grandes vinos tintos y rosados en Francia y en México quiere tener un lugar protagónico que, por cierto, se ha ido ganando a pulso (163,000 hectáreas).

De las otras cuatro hablaremos la próxima semana.

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