Lala Noguera y la pasión por el mezcal

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

Esta semana les platicaré de mi amiga Lala Noguera. Extrovertida hasta los huesos y a quien con esta lectura quiero reconocerle como la líder de opinión con más peso, cuando de hablar de mezcal se trata.

Ama de casa con una pasión muy grande por las tradiciones de nuestro país, especialmente los derivados del agave, del que en ese andar se especializó en el mezcal que hoy figura en la escena mundial. Dato que me consta pues en mi último viaje a España esta bebida estaba en la conversación de muchos de mis colegas sommeliers europeos.

Lala odia el termino mezcalier impuesto por algunos especialistas en mezcal y no pertenece al consejo regulador, ni a ninguna sociedad de sommeliers, pues se va por la libre, porque así es ella. Un alma autentica y en libertad.

Su pasión la ha llevado a visitar a muchos de los grandes maestros del mezcal en estados como Oaxaca, Guerrero, Puebla, Durango, Tamaulipas y San Luis Potosí, además de algunos “llamados clandestinos” de otros estado, Llamados así por no ser reconocidos por el consejo regulador; pero al fin, maestros del arte del mezcal, esperando sean descubiertos.

Luchadora del trato justo a los pequeños productores del mezcal, pelea con dignidad y no con lástima, como lo hacen otros. Se define como una divulgadora del mezcal conectando al sur, al centro y al norte del país, que en ocasiones se maneja como tres entes distintos.

Dura crítica de un consejo regulador manejado como una oligarquía con miembros que se reparten el poder entre ellos, favoreciendo a los grandes marchantes que compran el mezcal a tres pesos, y lo revenden en miles sin ningún respeto por las regiones agrícolas, generando grandes ganancias desde la afiliación, los análisis químicos de los productos, la expedición de los sellos del consejo y un largo, etcétera.

Consejo que delimita zonas arbitrariamente según intereses poco claros, donde unos lugares son tomados en cuenta, y otros, productores de mezcal desde hace siglos son ignorados olímpicamente, existiendo lugares con mezcales excelentes que no pueden ser comercializados por no pertenecer al mapa del club del mezcal. Reflejo de nuestro México de contrastes.

Lala invita a tomar conciencia de que los mezcales silvestres son un recurso de renovación lenta, pues tardan hasta 30 años en madurar y que mal manejados pueden acabarse pronto, como le pasó hace unos años cuando se acabó el “Agave Azul Tequilana Weber” en Tequila, por la demanda apabullante del mercado mundial de bebidas espirituosas.

Defensora de la mexicanidad, porta con orgullo su vestimenta típica haciéndola ver hermosa. Personaje con manera peculiar de hablar y sentimientos casi místicos, seguramente resultado del contacto tan cercano con mayáhuel (la gran diosa de la tierra y protectora de los agaves), con sus 400 míticos conejos que la defienden con sus vidas.

Su manera de catar el mezcal casi raya en lo extático, donde más que hacer un análisis visual, olfatorio y gustativo. Nos preguntaba qué parte de nuestro cuerpo era tocado por los mezcales que estábamos probando. Ante una bella música de cello, nos pidió que nos quitáramos los zapatos (yo lo hice) y comenzó el ejercicio. Cerramos los ojos y comenzó el estado alterado de los sentidos.

Mi favorito fue un Tobalá con una destilación de flores de altar de muertos, 52 grados GL, y que produjo en casi todos reacciones muy diversas, como sí el maestro mezcalero hubiera puesto parte de su alma, junto con el espíritu de su madre recientemente fallecida. ¡Una pasada!