La comunicación en la familia, Parte I

Por Manuel Alejandro Flores

Recuerdo que una vez que asimile que era un hecho que habría de casarme, una vez superado el romanticismo del anillo de compromiso, cuando empiezan a venirse las responsabilidades en torno a la boda y la vida que vas a comenzar (lugar para la fiesta, la misa, si vas a rentar o comprar una casa, muebles, luna de miel, etc…), muchas veces se deja de lado lo fundamental: ¿qué es lo más importante que debo saber ahora que voy a casarme?, ¿qué tips puedo recoger de otros, con más experiencia, para el tema tan bello y retador del matrimonio?

La mayoría de la gente casada, cuando le preguntaba, ¿para ti qué es lo más importante en el matrimonio?, me respondían: la comunicación. Tener una buena comunicación con tu esposa.

Se me hacia demasiado simple para un consejo, pero hoy, en vísperas de mi octavo año de casado y en espera de mi tercer hijo es, por decirlo así, El Consejo.

Es verdad: el respeto a las formas de ser, el hablarse siempre con respeto, el aceptar a la persona como es y no como quisiera que fuera, aplicar la tolerancia entre otras muchas cosas quedan englobadas en la buena comunicación en un matrimonio.

Parto del matrimonio porque es allí donde se funda una familia. Una vez que un hombre y una mujer deciden unir sus vidas, de manera libre y responsable, sin impedimentos de ningún tipo y hacen un compromiso ante la sociedad y ante Dios en el caso de los creyentes, pues se funda una nueva familia. Esta familia inicial, tiene dos propósitos fundamentales: la ayuda mutua (amarse mutuamente que significa entregarse uno al otro en un servicio profundo o caridad) y tener hijos (más tarde o más temprano pero la gran mayoría de los matrimonios desean tener hijos que son el fruto del amor).

Entonces, ¿qué es lo que hace a veces complicada la relación de pareja? ¿Por qué algunos matrimonios deciden separarse, incluso teniendo hijos?

Son muchos factores los que pueden influir en ello pero al final es la pobre comunicación la que hace que normalmente ocurran toda suerte de situaciones dentro de una relación matrimonial: violencia verbal, física, infidelidades, desacuerdos generalizados en la forma de educar a los hijos, molestia en cuanto a actitudes y detalles simples (ropa tirada, pasta de dientes, higiene) entre otras cosas. El reto de una comunicación asertiva implica a mi consideración los siguientes elementos clave:

  1. El tocar temas de fondo desde el noviazgo sin miedo: Religión, sexo, uso del dinero en familia, esparcimiento, higiene y demás que permitan a los novios tener una aproximación de lo que cada uno espera del otro
  2. Transparencia. Tal vez lo más difícil es transparentar lo que se siente. Muchas veces preferimos callar o aguantar para no vernos vulnerables, esto a la larga es un saco de piedras que se rompe. Muchas veces le creemos más a lo que viene de fuera que a quien esta todos los días con nosotros
  3. Diálogo constante. Nunca pensé que fuera tan difícil encontrar el tiempo y el espacio para dialogar temas profundos: como me siento, como van los hijos, entre otros, se tiene que reservar el tiempo con la pareja para poder hablar sin interrupciones
  4. Saber discutir. Muchos males entendidos y problemas hay que discutir en pareja. No hay peor error que hacerlo frente a los hijos. Este punto implica mucha inteligencia emocional de parte de cada uno de los consortes.
  5. Amar sobre todo. Si nos centramos en los defectos de nuestro consorte seguramente entraremos en un círculo sin fin. Amar es aceptar y ponerme en disposición de darle al otro lo que necesita, aún a pesar de mí. Difícil, por eso Santa Teresa de Calcuta decía “Amar hasta que duela”.

(Continuará dentro de dos ediciones)