La violencia y sus tentáculos

Por José A. Ciccone

Está presente en buena parte del mundo, es invasiva e inquietante, roba paz y tranquilidad.

Actúa en una casa, en la calle, en las escuelas o estadios de fútbol, no se le escapan ni las iglesias, templos o manifestaciones, es despiadada y uniforme, voraz y omnipresente.

Hoy es moneda corriente en todo el Planeta que habitamos, porque además de las guerras, con amenazas nucleares, acto que de por sí es un síntoma de violencia desmedida, en estos enfrentamientos bélicos que parecen nunca acabar por los intereses que los mueven, siempre está allí el acto violento diciendo presente, como principal protagonista.

Hace algunas semanas, también se hizo patente en lugares como Tailandia, en un hecho despiadado, donde hubo 39 muertos, una matanza donde la mayoría de víctimas fueron menores de edad, país lejano que los incautos creíamos libre de esos actos vandálicos.  

Hace apenas unos días, en el Museo de Londres, unos activistas climáticos movidos por una causa, hicieron un airado y violento reclamo, arrojando puré de papas sobre un obra pictórica de Monet. Unos días antes, una pintura original, de las más famosas de Van Gogh, corrió con la misma desgracia, cuando este grupo vertió sopa de tomates sobre ella. Más violencia tácita, en este caso, se supone que por falta de respuesta a este movimiento. Es decir, para muchos se acabó el diálogo e inició la violencia física sin control aparente.

Aquí, nuestros vecinos del norte ya nos tienen familiarizados con estos ataques de locuras personales que acaban con la vida de otros sin respetar edades. Los rusos también se apuntaron hace unos meses, desde su mismísima capital, con otro hecho violento que cegó la vida de inocentes, obra de un demente que como saben que estos actos son la antesala al suicidio, se quiso llevar entre sus patas salvajes, a otros de la especie humana.  

Nosotros en México tenemos nuestras víctimas de la violencia, todos los días del año, con distintas manifestaciones de odio y ataques despiadados, por ejemplo, hacia la mujer, pero también con otro tipo de crímenes, que en lo anónimo, ejercen una demostración de poder desde sus púlpitos provocadores, donde organizan el terror que nos pone en el mapa mundial, cada año, hasta bien arriba en estas funestas estadísticas que nos negamos a ver.

No es mi intención invadir o aburrirlos con terrenos de crónicas policiales, sino que debemos hablar de una buena vez, de esta violencia desatada que parece manejada por el mismo demonio. Es común leer a diario que se mata gente como ejercicio, por ajustes de cuenta, venganza o desfogue de una línea criminal que parece no detenerse ante nada y ante nadie, las garantías se sacuden a menudo, los discursos positivos y bien intencionados, parecen desvanecerse ante una cruda realidad que sigue indicando otra cosa.

Más de una vez nos hemos preguntado ¿hasta cuándo debemos seguir contemplando actos de violencia inusitada? ¿Hasta dónde aguantaremos, o lo que es peor, nos acostumbraremos a estos climas inquietantes y vivamos inmersos en ellos hasta parecernos naturales?

Una buena parte de nosotros sabe que así no se puede continuar y la otra mitad se pregunta quién se hará cargo de este desbarajuste social o a quiénes les corresponde tomar las medidas necesarias para devolvernos lo que la mayoría espera, la paz que garantice una vida digna y segura que todos nos hemos ganado con creces, cumpliendo diariamente con trabajo y esfuerzo, educando a nuestros hijos, practicando actos de buena voluntad y apoyo a la comunidad que nos rodea y aquellos que son expulsados del otro lado, para este lado, a los vecinos con quienes convivimos y en muchos casos, a quienes nos debemos.

Alguien nos recuerda que así como el pez desconoce que existe el agua hasta que lo sacan de ella, las cosas importantes de la vida, se valoran mucho más cuando faltan.

Es conocido el ejemplo del oxígeno para los humanos. La experiencias límites, como la pérdida de la paz en manos de los violentos, la falta de libertad o de salud, el exilio, la inanición y otras penurias humanas que permiten potencializar nuestra sensibilidad más profunda.

En la vida real y cotidiana, los cambios de mayor importancia es muy posible que se localicen en la variable intermedia, la sociológica, que incluyen las modificaciones de normas que fundamentan y predisponen al comportamiento violento, en la mayor parte de la población.