La vida es batalla y contienda

Por Juan Manuel Hernández Niebla

“Quien quiera paz, que se prepare para la guerra”, Vegecio

La sociedad en que vivimos promueve la paz y la armonía de unos con los otros, bajo el pretexto de “ser parte del grupo”. Aquellos que van contra corriente, contrarios al estatus quo, deben estar dispuestos a pagar un muy precio muy alto, que va desde la impopularidad y el aislamiento, hasta casos graves como la pérdida del prestigio personal, el empleo o la familia.

Aquellas personas que debido a estas circunstancias han vivido momentos difíciles, “inviernos” personales o profesionales, caen muchas veces en serios auto-cuestionamientos: ¿Qué hice mal?, ¿En qué me equivoqué?, ¿Por qué me tocó perder? ¿Cómo lo podría haber hecho mejor?

La verdad es que vivimos en un entorno competitivo y violento donde, para alcanzar nuestras metas, prácticamente es imposible evitar el conflicto. La historia nos dice que en la política, en los negocios, e incluso en lo personal, encararemos adversarios que seguramente harán cualquier cosa por obtener ventaja, por lograr sus objetivos. Por otro lado, nosotros estamos educados culturalmente para la paz, y no se nos prepara en absoluto para lo que enfrentamos en el mundo real: la guerra.

A través de esta columna, vamos a explorar una serie de estrategias y recomendaciones que nos amplíen nuestras posibilidades de sobrevivir al conflicto, que nos permita anticiparnos al mismo, y conocer y entender a nuestro posible adversario, siempre juzgando a la gente por los resultados de sus actos, las acciones que pueden verse y medirse, las maniobras que utilizo para adquirir estatus y poder. Lo que la gente diga no importa, siempre debemos enfocarnos en lo que han hecho, sus actos no mienten.

Analizando una derrota, podemos identificar acciones que podíamos haber llevado a cabo de otra manera. La culpa de nuestros fracasos la tienen nuestras malas estrategias, no las trampas de nuestros adversarios. Nosotros somos los responsables de lo bueno y de lo malo de nuestras vidas… nadie más.

Generaciones pasadas podían esperar que un grupo; el Estado, sus familiares, la empresa, se hiciera cargo de ellos, pero día a día esto es cada vez menos probable. Consecuentemente, en este mundo de feroz competencia en el que vivimos, debemos pensar principalmente en nosotros y nuestros intereses.

Los valores civilizados no existen si nos vemos obligados a rendirnos a los astutos y los fuertes, ser pacifistas en un entorno de enfrentamiento se puede convertir en una fuente inagotable de tragedias. Si quieres o deseas algo, tienes que estar dispuesto y en condiciones de luchar por ello.

Arturo Schopenhauer lo dijo: “En este mundo donde se juega con los dados cargados, la persona debe poseer temple de hierro, armadura a prueba de golpes del destino, y armas para abrirse camino contra los demás. La vida es una larga batalla; tenemos que luchar a cada paso; si triunfamos, será a punta de espada, y si perdemos, que sea con las armas en la mano”.