La vida en el aire

Por Juan José Alonso Llera

 

Y que mi maleta no llegó, decidió regresar a Tijuana en un vuelo distinto. A estas alturas lo único que uno pide es que llegue y si se puede completa mejor. Para ninguno de mis tres lectores es una sorpresa que gran parte de mi vida se da a 35 mil pies de altura, lo cual estaría bien si yo fuera piloto. Pero solo soy un espíritu viajero que se disfraza de profesor, consultor y conferencista para experimentar el riesgo de moverse de un lado a otro constantemente. Saliéndome de los artículos tradicionales, se me ocurre compartirles algunas de las vivencias en casi 20 años de pasar un sinnúmero de noches fuera de casa, a lo que mis amigos llaman “gran vida”.

Después de visitar por primera vez Republica Dominicana y Haití, en un viaje relámpago obligado por mi trabajo, regreso con muy buena vibra a casa (que es la de casi todos ustedes), con un cansancio atroz, pero como diría mi abuelita: “Ya tendrás tiempo de descansar cuando te mueras”.

Por encima de las nubes, extrañando mi equipaje, la inquietud se apropia de mis manos para hacer un recuento de las experiencias. En tanto viaje he conocido personajes, gente muy interesante, he leído mas de la cuenta, he recibido mil explicaciones de pilotos y sobrecargos, me ha tocado estar al lado del capitán cuando vamos a aterrizar, teniendo la vista imponente de la interminable pista, que de un segundo a otro se torna como un caminito. En este vuelo tengo a un lado a José Ramón Fernández, que la TV le ayuda, porque lo veo muy acabado, pero lúcido como siempre; también me toca ver como el diputado Max García del PAN viaja en primera clase en el 1F, sin haber dado algún resultado en BC que justifique ese lugar.

He sido testigo de turbulencias, de demoras interminables, de gente grosera que se siente el Rey, de artistas mamones que nunca se quitan los lentes, de brabucones que cuando se mueve tantito la aeronave empiezan a sudar y hasta derramar lagrimitas. Todas estas vivencias la podría resumir en que me ha tocado ser protagonista de un gran zoológico de aventuras que me han servido de inspiración para atiborrarlos de escritos, algunos de ellos sin sentido, debo reconocerlo. También es un hecho que he descubierto un maravilloso lugar donde trabajar, que aumenta mi concentración y productividad, así que en vez de quejarme de esta vida, simplemente aprovecho lo que hay, para poder dar mejores resultados.

De hecho ese es el mensaje que les quiero compartir, en vez de quejarnos de cada una de las situaciones que nos toca vivir, disfrutémosla, saquémosle el mayor provecho posible y si no te gusta la situación, cámbiala, pero por favor deja de quejarte y perder energía muy valiosa en ello. Hoy más que nunca en este mundo que se mueve a tanta velocidad, no podemos bajar el ritmo, ni la guardia. ¡Si el mundo te da limones, haz limonada, de preferencia que sea lite! (jajaja)

P.D. Le pido a Aeroméxico que no se atreva a volver a sepáranos, mi maleta y yo somos un binomio que nos hacemos mucha falta, a ella no la pienso perder nunca, siempre ha estado cuando la necesito, no como otros.