La vida en cuarentena

Por Dianeth Pérez Arreola

El domingo por la tarde anunciaron el cierre de escuelas, guarderías y restaurantes durante tres semanas. Hacía algunos días habían decidido cerrar los museos y cancelar toda actividad que involucrara a más de cien personas. Tras la primera conferencia sobre el coronavirus del ministro-presidente de Países Bajos, Mark Rutte, los holandeses se lanzaron a los supermercados y vaciaron los estantes del papel higiénico, pastas y productos enlatados. Al día siguiente Rutte remarcó que acaparar era una actitud anti-social e innecesaria porque hay suficientes productos para cubrir la demanda en los centros de distribución del país.

El viernes algunos padres ya no enviaron a sus hijos a las escuelas, y todos estaban esperando que el fin de semana anunciaran el cierre de éstas, pedido por especialistas médicos, padres de familia y políticos de la oposición. Solo quienes trabajan en sectores indispensables como salud, energía y telecomunicaciones, pueden llevar a sus hijos a la escuela o guardería para que puedan continuar con su labor.

Cosas curiosas del cierre de comercios -con excepción de farmacias y supermercados- es que el famoso Distrito Rojo de Ámsterdam y otras ciudades del país también cerraron las cortinas de sus aparadores el domingo a mediodía. Por otro lado, largas filas se hicieron afuera de los coffee shops, sitios expendedores de drogas blandas, al saberse que a partir de las seis de la tarde también cerrarían sus puertas.

A partir de hoy todas las actividades sociales están restringidas; restaurantes, bares, clubes, cines, museos, conciertos, gimnasios, escuelas de música, escuelas de todos los niveles, vuelos… es impresionante el nivel de las medidas que se han tomado, y muy sensatas tras ver el ejemplo de Italia y de España.

Calles, restaurantes, trenes, sitios de interés turístico, todo luce vacío en muchos países de Europa. En Italia la gente sale a sus balcones a cantar o a tocar un instrumento; en España aplauden a los trabajadores del sector salud como reconocimiento a su labor.

Aquí en casa mi esposo es el encargado de ir a hacer compras -recomiendan que lo haga una persona por familia y sin niños-, las niñas tienen acceso a un programa en línea con material de su grado y esta semana vendrán instrucciones sobre educación a distancia para seguir lo más apegado posible su programa escolar. Hemos acordado que estas semanas hablaremos en inglés para que las niñas lo aprendan más rápido y tengan más vocabulario.

Yo pensé que nada superaría la impresión de 2016, cuando todos en Bélgica y Países Bajos recibimos pastillas de yodo para combatir la radioactividad en caso de suceder un desastre nuclear en las obsoletas centrales belgas. Al igual que recibir esas pastillas fue una prueba de la posibilidad real de una catástrofe, las medidas tomadas esta vez por el gobierno son proporcionales al daño que puede causar el coronavirus. A diferencia de un desastre nuclear, en esta ocasión somos nosotros los responsables de contener el daño; nuestra actitud en las próximas semanas definirá el nivel que alcance esta pandemia.