La última cabalgata de Cormac McCarthy 

Por Daniel Salinas Basave 

¿Cuál es la novela que emocionalmente más me ha sacudido en mi vida adulta? Al respecto no tengo ninguna duda: se llama La carretera y la escribió Cormac McCarthy 

Hay libros que te agarran de las piernas, de la cabeza y del alma y te vuelan la mente como un ciclón. Hay libros que en algún momento de la lectura te espetan a la cara una sentencia: “no vas a olvidarme nunca”.

La razón por la que La carretera me horadó tan profundo en el alma, fue porque la leí cuando acababa de debutar como padre de familia. Ikercho era un pequeño de semanas, yo me encontraba en un periodo de demasiados cambios e incertidumbres laborales y de pronto la novela fungía como una suerte de revelación. Sí, lo admito: me sentí como el personaje de La carretera, que lleva a su pequeño hijo a través de un devastado mundo post apocalíptico.  

En la historia, el planeta yace en ruinas, aunque nunca sabemos por qué. ¿Una guerra nuclear? ¿Una pandemia devastadora? ¿Un gran desastre natural? Cormac no lo aclara ni hace falta dar detalles. Lo único que sabemos es que en esa tierra muerta hay un padre que camina con su hijo pequeño protegiéndolo del frío inclemente, de los voraces antropófagos y del hambre, siempre el hambre, como una condena omnipresente.

Padre e hijo caminan rumbo al Sur, pues intuyen que ahí hará menos frío y piensan que podrán encontrar comida, aunque no hay garantía de nada. Cada rincón del mundo es un lugar hostil y peligroso y cada ser vivo una potencial amenaza. Aparentemente no hay esperanza alguna y sin embargo el padre pelea cada día por salvar a su hijo, por encontrarle algo de comer, por hacerlo sentir feliz aunque aparentemente en el mundo no queda nada más que esperar la muerte. Al cerrar el libro, tuve ganas de llorar.  

Fue mi puerta de entrada a un autor mayor que desde entonces no he dejado de leer. 

Llegué entonces a su obra de culto. Meridiano de Sangre es una novela total, lo más cercano a esa mítica criatura que tanto obsesiona a los críticos llamada Gran Novela Americana. Meridiano es un Moby Dick de la pradera y el albino juez Holden es el Ahab del Viejo Oeste. Un descenso a las más densas tinieblas ontológicas. 

Seguí con No es país para viejos, que es también descomunal y en una tarde de fin de año leí el ágil diálogo de Sunset limited donde un blanco suicida y un negro redentor dialogan sobre el sentido último de la vida. En esa descomunal sala de espera que empieza a tener rostro del limbo, aguardan El pasajero y Stella Maris.

Nacido en Providence como Lovecraft, fue esencialmente un errabundo hasta sus 60 años. Después se refugió en el desierto de Nuevo México y en la luminosa oscuridad de quienes practican la ciencia. 

Hoy, en el cumpleaños de Fernando Pessoa, Cormac McCarthy se ha montado en los hermosos caballos para no volver jamás. Cabalga Cormac, cabalga. Acaso tu más allá sea un atardecer en la pradera, allá por el Bolsón de Cuatro Ciénegas.