La Tijuana que queremos

Por David Saúl Guakil

Todos los que vivimos y trabajamos en esta ciudad intensamente los siete días de la semana, lo hacemos con la firme convicción de estar experimentando una ciudad que crece en el progreso diario y se multiplica, igual que sus problemas, que son muchos y algunos de difícil solución, precisamente producto de un crecimiento sin pausas.

Ahora bien, ¿qué deseamos para Tijuana? Seguramente lo mejor, pero para lograr esa meta debemos empezar a corregir algunas cosas que son evidentes problemas actuales como ocurre con el tema de la (in) seguridad y del tránsito endemoniado que se produce la mayoría de los días –cuando juegan Xolos mucho más. En el entendido que si no creciéramos seríamos una ciudad tranquila, pero sin actividad y esa no es la solución, por lo menos yo no la deseo, entonces debemos plantearnos desde la realidad -no virtual- sino la que vivimos a diario, soluciones viables que los entendidos en el trazo adecuado de una ciudad deben encarar y proponernos cambios viables. Es tarea de los gobiernos en turno, proponernos a los ciudadanos las salidas que esperamos y nosotros unirnos a esos propósitos para que, entre todos, busquemos solucionar los inconvenientes que palpamos todos los días. Aquí no importan colores de partidos, ni elecciones próximas, ni actitudes personalistas para sacar beneficio propio, aquí se trata de buscar soluciones prácticas para una ciudad que no deja de avanzar demográficamente. No quedarnos cruzados de brazos, para luego que nos ahoguemos en el caos, recién tratar de reaccionar cuando sea ya demasiado tarde.

Sé que son días complicados donde el ciudadano, de por sí, tiene su cabeza puesta en los cambios que él mismo propondrá con su voto el próximo primero de julio. Está bien que exista esa conciencia ciudadana dispuesta a romper, entre otras cosas, con el egoísta abstencionismo que no favorece más que aquellos que esperan que las cosas les caigan del cielo, pero no debemos dejar de pensar en cuánto podemos hacer por nuestra querida ciudad y plantearnos qué Tijuana queremos en el futuro inmediato, ese que no espera y llega todos los días, ese que es incierto cuando no tenemos planes y proyectos para vivirlo.

Aquí no caben las improvisaciones, para un cambio real y positivo se requiere gente con conciencia comunitaria dispuesta a trabajar y exigirle a las autoridades lo que les corresponda hacer, no perdamos de vista que somos la frontera más importante de México, no sólo por el flujo impresionante de personas que la cruzan los 365 días del año, sino porque aquí se desarrollan tecnologías, se construyen millones de productos exportables al año, tenemos ocupación laboral como pocos estados de la república y en eso nos parecemos a las grandes ciudades progresistas del mundo, pero sólo en eso, porque necesitamos orden, seguridad, ideas y técnicas de desarrollo urbano para mejorar y acercarnos al ideal que todos ‘soñamos despiertos’. Propongamos y exijamos lo mejor para Tijuana, que las cosas se salgan de un papel y se concreten, que haya confianza en nosotros mismos y que los gobiernos en turno cumplan más allá de las palabras, porque si no se cumplen con estos principios seguirá la función pública y política en un descrédito con sabor a desconfianza.