La Sociedad como fuerza opositora de AMLO

Por Manuel Alejandro Flores

Cuando estaba en la prepa, sabía que se estaba fraguando un pleito entre dos gallitos (¡entiéndase dos jóvenes de sexo masculino que querían demostrar quién podía más toda vez que el diálogo ya no era posible!) cuando empezaban a juntarse muchos estudiantes en el parque aledaño del Cobach de la Avenida Zaragoza, justo frente al Casino de Mexicali.

Como abejas en dulce se hacía el “círculo romano” para ver el espectáculo gratuito de los dos desafortunados caballeros que estaban por darse golpes a mano limpia en la cara y en donde se pudiera.

Casi siempre estos encuentros terminaban en amenazas vacías que buscaban ser el incentivo para iniciar con la pelea, otras tantas terminaron en verdaderas batallas campales entre estudiantes, que más allá de razones para hacerlo (rencores, enemistades, faldas, etc.), era la adrenalina de los ataques y contraataques y la llegada de la policía municipal para que todo mundo se dispersara corriendo o entrando al plantel.

Hago todo este preámbulo para reflexionar sobre quienes, sin mayor motivo que una rencilla que con algo de madurez podría haberse arreglado, inician un pleito callejero. Pero hasta en esos “pleititos escolares”, había reglas: 1. Te peleabas con quien tuvieras posibilidad de ganar o al menos de empatar, suicida quien se metía o se mete con alguien ¡30 cm más alto y con 30 kilos más que tú! Ya no se diga con un asiduo visitante de gimnasios. 2. Había que llevar “barrio”. Aunque en mis tiempos se respetaba mucho el pleito 1 a 1, siempre debías llevar a tus amigos por si tu contrincante traía a los suyos, para estar en la mejor igualdad de circunstancias posibles. 3. Debía existir un motivo para el pleito, desde lo más grave como un “me bajaste a la novia” hasta lo más tonto como el “a ver quién es más bravo”.  4. Siempre había que ser valiente. Ya estando en el ruedo rajarse era como una especie de “suicidio político”. 5. Un escenario factible, que al calor de la pelea es imposible de considerar, pero que llegaba a ocurrir muchas veces, es que después del pleito, podías terminar siendo amigo de tu rival, por difícil que parezca.

Todo este rollo para decirle, amable lector, que ya hay tiro con la Cuarta Transformación y su Gran Tlatoani, Andrés Manuel López Obrador. 1. Si pensábamos que nunca iba a bajar su popularidad, que sus tamaños derivados de una “conducta intachable” eran inalcanzables, que el séquito de sus correligionarios eran un grupo de iluminados y renacidos en el bautismo de fuego de la 4T, hoy la sociedad se levanta, sin el apoyo de los partidos políticos de oposición, para ayudarlos y para decirle al Potentado que nomás fueron 30 millones de mexicanos los que votaron por él y su proyecto, que otros 30 no lo hicimos y que lo queremos fuera o haciendo cosas distintas a las que hace y que otros 30 estaban indiferentes de la vida pública, pero que gracias a él hoy se quieren subir al ring. Hay tiro en el Zócalo y muchas plazas públicas de las distintas ciudades de México. 2. Que los partidos de oposición pueden estar en la lona y “moralmente derrotados” como dice el presidente, pero que el “barrio los respalda”. Y lo peor es que, aunque el barrio de la 4T es bravo, el barrio de la oposición es el que mantiene al gobierno y hace que la vida económica funcione, sin afanes separatistas pero los más trabajadores, los que más impuestos pagamos estamos muy enojados. Que la 4T traiga su gente: los ciudadanos libres aquí estamos y vamos a levantar de la lona y a desempolvar a los partidos de oposición, además vamos a ponerlos de acuerdo para que el tiro sea parejo (y digo parejo porque “ellos” están en el gobierno y lo están usando para fines electorales y no para transformar a la sociedad). 3. Motivos hay muchos, lo resumo diciendo que este gobierno es inepto, corrupto, ineficiente, megalómano, nefasto, mentiroso, populista y autoritario. Aquí estamos los que queremos a los más aptos, honestos, eficientes, sensibles, transparentes, democráticos y libres. 4. Que no se vale rajarse. No se vale esconderse en el miedo al gobierno si le exigimos, si lo criticamos. Es tan evidente su falta de resultados, la división que han propiciado entre los mexicanos, la división que hay entre ellos mismos que los hace inoperantes, que la prudencia, en estos momentos en que la patria nos pide ser valientes, puede ser más que una virtud, cobardía. Son tiempos de unión y de lucha por amor a México. Y, por último, 5. El escenario al que aspiramos es a luchar y vencer en favor de un México democrático, libre, donde impere la ley y la paz para todos los mexicanos y en donde al final terminemos más fuertes y unidos como nación. Un tirano siempre buscará dividirnos para imponerse, un demócrata siempre buscará unir a sus compatriotas para fortalecer a su nación.